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El nuevo dolor de la certeza

Ayer, último día de mis vacaciones, me desperté golpeada por un nuevo mazazo de la realidad: Según un informe encargado por la familia materna de los pequeños, casi con total seguridad, los restos hallados en la hoguera de la Finca de las Quemadillas, pertenecían a Ruth y José Bretón.
Mientras no había evidencia de muerte, había esperanza de vida y, contra todo pronóstico yo, como seguramente la madre de los niños y, tal vez, como todas las madres, me aferraba a la posibilidad, desde el sentido común más que remota, de que estos fueran hallados con vida.
Lo más terrible de este caso ,que probablemente en los próximos días sea analizado hasta la saciedad por los expertos de la crónica negra, es pensar que todos estos meses de incertidumbre y tortura podrían habérsele evitado a una madre inocente de la maldad de un padre asesino.
Desde mi punto de vista, poco importa el fallo €errare humanun est€ de la espléndida Policía Científica española, que no logró determinar en las cuarenta y ocho horas posteriores a su hallazgo, que los pequeños huesos encontrados en la hoguera de la Finca de las Quemadillas, no pertenecían a diminutos roedores sino a los niños desaparecidos.

Lee el artículo completo en La Gaceta de Salamanca.

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