Siempre me ha llamado la atención cómo los forofos del Atlético de Madrid recalcan su condición de leales al club «en la salud y en la enfermedad y en la alegría y en la tristeza». Parece que al «ingresar» en las filas de los atléticos establecieran un contrato más potente aún que el del matrimonio, porque, si bien saben que su club tiene sobrada capacidad para hacerles felices, cuentan con que, lo habitual, sea justo lo contrario. Ser del Atlético es algo así como poseer una enorme resistencia y ser inasequible al desaliento… Pero tiene su recompensa, porque cuando ya se está a punto de tirar la toalla, tras varios sonados fracasos, algunos de ellos injustificados, llega de sopetón la gloriosa victoria, a veces tan enorme como inesperada. La última, la conseguida en el enfrentamiento contra el Chelsea para obtener la Supercopa. Cuatro a uno se saldó el partido, sin que ni el ex atlético Torres pudiera hacer nada para evitarlo. Los rojiblancos lo dieron todo y sus seguidores, entre lágrimas de alegría, volvieron a celebrar el orgullo de pertenecer al inigualable equipo rayado.
Hay un dicho argentino según el cual el frío sirve para saber «lo lindo que es el calor». Bueno, pues como en el Atlético se pasa un frío helador, cuando llega el calor abrasador se disfruta y de qué manera. Claro que, digo yo que a los sufridos «atletistas» tampoco les importaría acostumbrarse al calor durante una temporadita, sin tener que acordarse del frío ¿no? Aúpa Atleti y que siga la racha.
