A pocos días de la tragedia del Madrid Arena aún no me repongo de la angustia que me produce saber por boca de adolescentes y menos adolescentes aficionados a macro conciertos, que lo que sucedió, pero sin drama, es el pan nuestro de cada día. En todas las salas entran menores, se mete alcohol, hay quien lleva drogas e incluso de vez en cuando se cuela algún tarado con material pirotécnico. En esta ocasión parece que se juntó todo, pero probablemente nada hubiera pasado si los organizadores, los «puertas» o quien al final determine la Justicia que fue, no hubieran jugado con el aforo. Muchos de los chicos que estuvieron dentro de la sala cuentan que, en un momento determinado, los «puertas» hicieron la vista gorda y dejaron pasar a cambio de dinero a quienes no tenían ni entrada y que por eso se monto el lío descomunal. Por eso y por la bengala, que ayudó al pánico de la muchedumbre, y seguramente también por la falta de lucidez de los allí presentes, muchos de ellos incapaces de articular ni media palabra. Dicen, una vez más los aficionados a este tipo de eventos, que hasta lo de que se vendan más entradas de la cuenta es habitual, que muchas veces se reparten las entradas duplicadas entre los jovencitos para que las vendan y que si no las venden todas no pasa nada, pero si lo hacen se organiza una buena.
Lea el artículo completo en La Gaceta de Salamanca
Back to Blog
