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Reír por no llorar

Perdonen ustedes que no les hable  estrictamente del caso Bárcenas. No puedo hacerlo. Me lo impiden la indignación y el hastío casi a partes iguales. Escandalizada como todos tras la minuciosa información publicada por el diario El Mundo, no he podido dejar de atender a los infinitos dimes y diretes siguientes: las justificaciones, las acusaciones, los análisis, las opiniones… Y todo me ha parecido excesivo, insuficiente o a destiempo. Excesivo el numero de opinadores con el mismo discurso repetido, insuficientes los análisis, tal vez por falta aún de suficientes pruebas, y también las justificaciones de los populares por carecer de contundencia.  Y a destiempo las denuncias de los ex populares (Vestringe y Trias) que, por lo visto, lo sabían todo, pero no han dicho nada hasta que ha salido en la portada de un periódico nacional. Hasta que no prospere la investigación y haya evidencias de lo que pasó o no pasó o hasta que por fin se digne a tirar de la manta el ínclito Bárcenas –que lo estamos deseando si con ello llegamos por fin a la verdad, por trágica que sea-, todo es una pura especulación, que hace daño no sólo al PP y a sus votantes, sino a la democracia entera, golpeada terriblemente por toda suerte de casos de corrupción, cada vez más graves, que no dejan de aflorar a la superficie de un país, que se duele en su crisis.  Escuchar hablar de Suiza, de sobres, de dineros, de políticos corruptos y de engaños, se ha convertido en una constante, en algo tan habitual en nuestras vidas que parece formar parte de la realidad cotidiana. Ayer, durante todo el día, las redes sociales ardían sobre todo con el caso Barcenas, pero también con el de la Fundación Ideas, presidida por Rubalcaba, desde donde, supuestamente se pagaron 600.000 euros a empresas proveedoras pertenecientes a familiares o amigos de dirigentes socialistas durante sus dos últimos años de gobierno, también destapado por el diario El Mundo. Pero era un ardor apagado aunque parezca pura paradoja; un ardor desesperanzado, incapaz de creer en la resolución justa y real de alguno de estos dos nuevos casos de corrupción  o de otros tantos abiertos desde hace tanto.

Entre tanto cansancio e irritación, parece que al pueblo español, aturdido y vapuleado y sobre todo perdido y recortado, sólo le queda el sentido del humor. Por eso el mejor tuit del día fue el de periodista Carme Chaparro: “¿Pero queda algo incorrupto? El brazo de Santa Teresa”. Reír por no llorar.

La Gaceta de Salamanca

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