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Europa no quiere ser Europa

O al menos, quiere ser otra Europa distinta a la propuesta por los políticos actuales. Eso es lo que se desprende de los resultados de las urnas. Unos resultados que provocan cierto temor a quienes consideran que el mapa político que dejan los comicios recuerda en demasía al de los años 30. Los radicales avanzan en Europa sin que nadie pueda negarlo ya. Y esto sin que la abstención haya sido tan escandalosa como se esperaba. Es decir, que está claro que no es que sean unos pocos los que está hartos de lo que hay y busquen otra cosa, sino que hay muchos descontentos y parece que, entre ellos, hay bastante más de los que nos podíamos esperar, dispuestos a extremarse lo que haga falta.
En España, por más que los dos grandes partidos no se den con el cilicio después de sus nefastos resultados , la realidad es que ambos han perdido el apoyo de millones de votantes. Entre el PP y el PSOE han perdido 30 puntos y su suma baja del cincuenta por ciento, por primera vez en democracia. La derecha ha ganado, pero tocada; y la izquierda, que quiere ser más izquierda, ha sido, sin embargo, la que le ha dado el poder a los populares. Porque el que se ha llevado la palma de los resultados inesperados ha sido el partido de un socialista indignado llamado “Podemos”. Sin duda la irrupción en el escenario político de su líder, el televisivo Pablo Iglesias (lo del nombre parece una broma, pero no es casualidad, sino un homenaje, por parte de sus padres, al fundador del partido Socialista Obrero Español) ha acabado literalmente con el bipartidismo; pero también con las esperanzas del PSOE de alcanzar el resultado deseado. Que ERC haya ganado a CIU en Cataluña donde el PSC se desploma y el PP pierde la mitad de su cuota electoral, también deja ver por donde quieren ir los catalanes. Y lo mismo sucede en el País Vasco, donde el PNV ha sido el partido más votado, seguido muy de cerca por EH Bildu, mientras que el PSE y el PP se han descalabrado. ¿A qué obedece todo este panorama? Supongo que a cansancio, a falta de confianza en los políticos y en la política, a sentir que no se comprenden cada una de las identidades y necesidades que, lógicamente tiene que haber en un territorio tan amplio y, en definitiva a que nadie está contento con lo que parece ofrecer el futuro común. Europa no quiere ser Europa, o quiere ser una Europa distinta. Esperemos no acabar fragmentados y enfrentados. Esperemos que no se repita la historia.

La Gaceta de Salamanca

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