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La regeneración

NO es la primera vez que confieso que nunca fui especialmente monárquica. Pero siempre he dicho también, que aunque la institución me parezca anacrónica, temblaría solo de pensar en ver a uno de nuestros políticos convertidos en Jefe del Estado. Ya se que don Juan Carlos no lo ha hecho todo bien en sus años de reinado e incluso, sin eufemismos, ha hecho varias cosas mal; pero el resumen de su etapa como rey ha sido que, en ella, los españoles hemos vivido mejor que nunca. Y eso se lo reconocen hasta los republicanos de pura cepa. Así las cosas, a mí no me apetecía que se fuera, por mucho que los cimientos de la Monarquía se hubieran tambaleado tanto en los últimos tiempos, entre elefantes y yernos señalados. Pero Su Majestad, que seguro que tiene más y mejor criterio que yo, ha decidido que ya era hora de irse y de dejar paso a la savia nueva, por más que la edad fuera un grado para los griegos. Y ha actuado en consecuencia, sin que nadie lo esperara. (El que diga que lo sabía, créanme, miente). Así las cosas, empieza una nueva era en nuestro país, en la que habrá más de uno que llame a referéndums; pero lo deseable, me parece a mí, es que en este momento de nuestra historia, simplemente mostremos al mundo que nos movemos tan impecablemente en la Democracia como para el cambio de reyes sea sereno y no constituya ningún problema.
Entre los flecos del tiempo pasado, queda ese “asuntillo” de la preeminencia del varón sobre la hembra en la sucesión que, no se sabe por qué, los políticos no han querido atajar en todos estos años de Democracia; pero se supone que los príncipes, en breve reyes, habrán valorado el problema y no se dedicarán a engendrar justo ahora, que su hija Leonor pasará a ser la heredera al trono y se convertirá, inmediatamente, en Princesa de Asturias.
Don Felipe y doña Letizia están sobradamente preparados para la tarea que les espera e imagino que, por eso, don Juan Carlos ha decidido que era la hora del relevo. Bueno, por eso, y porque ese terremoto que ha sacudido a la Casa Real en los últimos tiempos llamaba, sin duda a la regeneración. En ella confiamos. Más nos vale, porque, en definitiva tendrá que servir de ejemplo a las nuevas generaciones en todos los ámbitos de la sociedad. Ojalá sea así.

La Gaceta de Salamanca

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