La marquesa Casati, mujer excesiva de cabellos rojos, ojos maquillados en negro profundo, para resaltar sus iris verdes y sus pupilas dilatadas por la belladona, labios bermellón y atavíos sensacionales, fue extraordinaria más allá de su ya de por si inigualable presencia. Su sensibilidad hacia el arte y la estética, la convirtieron en musa y mecenas de incontables artistas, además de en icono de la moda y la elegancia para genios como Fortuny o Poiret. Ella fue una mujer distinta, sensacional,… Pero ¿qué tendría aquel tiempo en el que fue protagonista, -La Belle Epoque y los Años Veinte- para ser el caldo de cultivo de destacadísimas personalidades femeninas? Casi competidora de la propia Casati, Rita de Acosta Lydig fue también inmortalizada por innumerables creadores. Casada y divorciada dos veces y conocida como “la mujer más pintoresca de América” si la marquesa decía que” quería ser una obra de arte viviente”, de Rita de Acosta el pintor John Singer afirmaba que “ella era arte en si misma”. Como La Casati, vivió rodeada de intelectualidad e incluso llegó a escribir la novela “Mansiones trágicas”. Su hermana Mercedes, entretanto, además de ser la amante de Greta Garbo y de otras estrellas del momento, era poetisa y autora teatral, mientras que la tercera de las de Acosta, Aida, tras efectuar el primer vuelo en solitario de una mujer, pasó a ser la primera piloto de la historia. Por su parte, Marie Curie investigaba sin descanso junto a su marido, con quien conseguiría el Nobel de Física e Isadora Duncan, para algunos la creadora de la danza moderna, acuñaba su particular forma de bailar en diversas coreografías. La pintora Romaine Brooks, amante fortuita de la Casati y habitual de la escritora Natalie Clifford Barney impactaba al mundo con sus retratos grises, al tiempo que Catherine Barjanski esculpía sus prodigiosas figuras de cera, poco antes de que Cocó Chanel liberase a las mujeres del corsé… Gertrude Stein, Tamara de Lempicka, Frida Kahlo, Amelia Earhart… Todas pertenecen a aquellas décadas prodigiosas separadas por la Gran Guerra, donde, sin duda, el talento de la mujer emergió por fin y sin remedio, para no volver nunca más a la oscuridad.
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