Dra. Azucena Díez Suárez. Especialista en Pediatría y Psiquiatría. Presidenta de la Sociedad de Psiquiatría Infantil de la Asociación Española de Pediatría
¿Comer poco es más sano que comer mucho?
Como normal general, se podría decir que sí. Existen más problemas de salud asociados al exceso de alimentación, que conlleva sobrepeso y obesidad, que a la desnutrición. Una excepción a esta norma es la anorexia nerviosa.
Esta nueva moda de algunos restaurantes de incitar a comer todo lo que se quiera por el mismo precio, favorece los atracones ¿qué efecto puede tener sobre la salud?
Efectivamente, la tendencia a ofrecer raciones cada vez más grandes y poder repetir todo lo que se desee lleva a ingerir mayores cantidades, tanto de comida, como de bebidas (por lo general azucaradas). Este comportamiento se asocia a dificultades para conseguir una sensación de plenitud gástrica, por varios motivos. El primero, existe un efecto mecánico, es decir, el tubo digestivo se expande. El segundo, psicológicamente las raciones de gran tamaño se identifican como una recompensa, un “homenaje”. Esta costumbre, a largo plazo, lleva a la obesidad y al sobrepeso.
De todos modos, ni siquiera en esas circunstancias todo el mundo se presta a comer tanto, ¿el que se atraca a comer tiene un trastorno?
Los mecanismos que regulan la alimentación y la saciedad se localizan en circuitos cerebrales similares a los de las adicciones a drogas, los denominados sistemas de recompensa cerebral. Algunos alimentos, especialmente el azúcar y los alimentos procesados, tienen efectos sobre el cerebro similares a las drogas. Esta predisposición que tienen algunas personas, al igual que sucede con la tendencia a hacerse dependiente de las drogas o el alcohol en exceso, tiene un importante componente hereditario.
Hay tablas que recogen los grados de adicción a la comida de cada uno.
En 2013 se reconoció por primera vez por un sistema internacional de clasificación de enfermedades, el DSM-5 (Diagnostic and Statistical Manual) el trastorno por atracones como una enfermedad. Para que pueda ser diagnosticado, es preciso que se cumplan los siguientes criterios:
- La ocurrencia de episodios recurrentes de atracones. Un episodio de atracón se caracteriza por los dos de los siguientes:
- Ingestión, en un período determinado (p.ej. menos de dos horas), de una cantidad de alimentos que es claramente superior a la que la mayoría de las personas ingerirían en un periodo similar en circunstancias parecidas.
- Sensación de falta de control sobre lo que se ingiere durante el episodio (p.ej. , sensación de que no se puede dejar de comer o no se puede controlar lo que se ingiere o la cantidad de lo que se ingiere).
- Los episodios de atracones se asocian a tres (o más) de los hechos siguientes:
- Comer mucho más rápidamente de lo normal.
- Comer hasta sentirse desagradablemente lleno.
- Comer grandes cantidades de alimentos cuando no se siente hambre físicamente.
- Comer solo, debido a la vergüenza que se siente por la cantidad que se ingiere.
- Sentirse luego a disgusto con uno mismo, deprimido o muy avergonzado.
- Malestar intenso respecto a los atracones.
- Los atracones se producen, de promedio, al menos una vez a la semana durante tres meses.
- El atracón no se asocia a la presencia recurrente de un comportamiento compensatorio inapropiado, como en la bulimia nerviosa, y no se produce exclusivamente en el curso de la bulimia nerviosa o anorexia nerviosa.
Como se puede observar, no todas las personas que ingieren grandes cantidades de comida presentan este trastorno.
Otro concepto diferente es el síntoma denominado “ingesta con sensación de culpa”, que es una comportamiento muy habitual en la población general. Este picoteo, que suele ser de predominio vespertino, y es más frecuente en mujeres, se caracteriza por la ingesta de cantidades variables de alimentos, generalmente hipercalóricos o poco saludables (galletas, snacks, chocolates, dulces…), y una sensación posterior de culpabilidad. La persona que tiene esta conducta no realiza ningún comportamiento compensatorio, ni vómitos, ni ejercicio físico excesivo. Cuando existen estas conductas purgativas, se denomina bulimia nerviosa.
¿Y cómo afecta físicamente?
El trastorno por atracones no requiere la presencia de obesidad, es decir, se puede presentar en personas con un peso normal, sobrepeso u obesidad. Sin embargo, aumenta mucho el riesgo de obesidad. Hay que destacar que la mayoría de las personas obesas no presentan atracones de forma recurrente. Asimismo, este trastorno empeora mucho la calidad de vida, y se asocia a otros síntomas, como depresión y ansiedad. Las personas que lo padecen sufren considerablemente por la vergüenza que sienten debido a estos episodios.
¿Cómo se debe tratar?
El tratamiento del trastorno por atracones se basa principalmente en la psicoterapia de tipo cognitivo-conductual. El objetivo principal de este tipo de psicoterapia es eliminar la conducta patológica, los atracones. Para ello se trata de enseñar a la persona a reconocer las situaciones y emociones asociadas a sus comportamientos, para conseguir modificarlos.
Algunos medicamentos han mostrado efectividad para mejorar el trastorno por atracones. El grupo de los antidepresivos denominados ISRSs, en especial la fluoxetina, actúan inhibiendo la recaptación de serotonina y reduciendo la ansiedad asociada al atracón. Por otra parte los psicoestimulantes, como el metilfenidato y la lisdexanfetamina, reducen el apetito y mejoran la impulsividad, consiguiendo asimismo una mejoría en los atracones.
¿Hay personas más proclives a padecerlo?
Los principales factores de riesgo son:
La presencia de antecedentes familiares de trastorno por atracones, obesidad o cualquier otro trastorno de la conducta alimentaria, como bulimia nerviosa.
La realización de dietas hipocalóricas con el objetivo de perder peso predispone a la aparición de atracones.
La presencia de depresión, síntomas de ansiedad, o algunos rasgos de personalidad, como baja autoestima o inseguridad, se ha asociado a los atracones.
¿Es más frecuente en hombres o en mujeres?
Es más frecuente en mujeres, con una frecuencia aproximada del 1-3%, el doble que en hombres (0,5-1,5%). La edad media de presentación es 25 años.
¿Cómo se puede prevenir?
La prevención del trastorno por atracones se puede abordar desde múltiples perspectivas y recursos. Los medios de comunicación, algunas empresas como las alimentarias o las farmacéuticas, los colegios, y por supuesto, los organismos oficiales, están implicados en su prevención. La idealización de la delgadez como prototipo de belleza, muy generalizada en nuestra sociedad, lleva a que las personas con predisposición al sobrepeso muestren tendencia a la baja autoestima. La realización de dietas restrictivas debería ser sustituida por la promoción de hábitos saludables. Es decir, es preferible “aprender a comer” que recurrir a “dietas milagro”.
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