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«En torno a las pasiones, se escribe realmente la historia»

Publicado en El Comercio

Marta Robles presentó, con el Aula de Cultura de EL COMERCIO, su libro ‘Pasiones carnales’, sobre los amores de los reyes españoles

Alrededor del sexo y del amor gira la vida. No es novedad este orbitar porque, incluso en los tiempos más lejanos que alcanzan las crónicas, ocurría esto. Así lo narra la escritora Marta Robles en su libro ‘Pasiones carnales’, que recorre -desde el siglo VIII hasta el XX- los secretos de los reyes que cambiaron la historia de España. «En torno a las pasiones carnales es donde realmente se construye la historia», aseguraba ayer la autora, durante la presentación de su libro, en la Semana Negra, con la colaboración del Aula de Cultura de EL COMERCIO.

El primer protagonista de este ensayo novelado es don Rodrigo, el último rey visigodo. Con él, se inicia un viaje literario que termina con Alfonso XIII, parando por el camino a contar las curiosidades más íntimas de las dinastías Astur, Borgoña, Trastamara, Habsburgo y Borbón. «Quise abarcar toda la historia de nuestro país», señalaba Robles.

En este relato, se esconden mujeres fascinantes que cambiaron el devenir de los acontecimientos como Leonor de Guzmán. «Fue la concubina del rey Alfonso XI durante veintitrés años. Él estaba casado con María de Portugal, pero ella no acababa de quedarse embarazada», explicaba la escritora. Con su amante, una mujer «hermosa e inteligente», sin embargo, el rey tuvo diez hijos. «La trataban como si fuera una reina hasta que el monarca murió, entonces la apresaron y acabaron matándola», señalaba. Aquel acto no quedó impune, uno de sus hijos, Enrique de Trastamara, vengó su asesinato y empezó entonces la dinastía de Trastamara, «así que los Reyes Católicos descienden de una concubina», indicaba.

«Nada me pudre más que el sobrenombre de Juana ‘la Loca’ y que Felipe V no sea recordado como un tarado»

También habló Robles de la hija de estos, de la mal llamada Juana ‘la Loca’. «Nada me pudre más como que haya pasado a la historia con ese sobrenombre y que Felipe V no sea recordado como un tarado», afirmaba. «Él tenía un trastorno de la personalidad brutal», añadía. Tanto que, a veces, hasta se creía una rana.

Pero la memoria es caprichosa y, a veces, olvida aquello que no interesa recordar, aunque eso no suele ocurrir con los personajes femeninos. «En la historia tiene que haber mujeres buenas, malas y regulares», afirmaba la escritora y recordaba a María Luisa de Parma, esposa de Carlos IV. «Ella aborrecía -como todos los españoles- a su hijo Fernando VII y, cuando iba a morirse, hizo que le contaran que en los veintitrés embarazos que había tenido, de los que vivían catorce hijos, en ninguno hacía participado el rey». Esta historia ayer se ganó la risa y el aplauso de público gijonés.

Es solo una de las muchas con las que los lectores pueden maravillarse en las páginas de ‘Pasiones carnales’. Y si este libro acaba en Alfonso XIII, no es por evitar polémicas, sino «porque para escribir la historia, creo que hace falta perspectiva», apostaba. «Pasará el tiempo y, cuando pase, tendremos una visión global de las figuras con sus luces y sus sombras», proseguía. Llegará entonces el día en que podamos retomar estos relatos y seguir caminando hacia el siglo XXI. De momento, tenemos a nuestro alcance doce siglos de amores y amoríos.

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