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Los amores de las niñas, niños y niñes

Publicado en La Razón

Aunque la ministra de Igualdad no sea mi “cup of tea” no creo que al pronunciar esa desafortunada frase respecto a las niños, niñas, niñes «pueden amar o tener relaciones sexuales con quien les dé la gana» estuviera incitando a la pederastia. Ella hablaba del aborto, de los jóvenes de 16 y 17 años y de sus derechos, siempre basados en el consentimiento. Pero no se explicó bien. Porque los niños, sea cual sea su sexo, no pueden tener relaciones sexuales con quien les dé la gana. Y eso es algo obvio. De ahí que la ley fije el consentimiento de los menores en los 14 años, cuando ya se encuentran en la adolescencia. Y aún así, todo es revisable, porque las voluntades en esa etapa de la vida son muy frágiles y la inseguridad muchas veces los empuja a hacer lo que no desean solo para lograr la pertenencia a un grupo o el afecto que tanto anhelan. Volviendo al discurso de Montero, es que sus palabras, sus gestos y su puesta en escena son siempre tan taxativos que cualquiera diría que mide al milímetro cuanto dice y que goza de esa exquisita precisión necesaria cuando se manejan asuntos tan delicados. No es así. Creo que el grave error de nuestra democracia es que cualquiera puede ser político sin una formación previa para serlo y otra para el cargo que tiene que desempeñar. Los ministros pasan de una cartera a otra con una facilidad pasmosa. Un día Sanidad, otro Economía y al siguiente Cultura y Deportes… ¿Todos saben de todo? Se agradecería mucho una buena formación general de los políticos y una formación específica al acceder a sus puestos. Como no la hay, al menos deberían cuidar sus palabras, que las carga el diablo…

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