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Fernando Romay

«Seguramente alguna vez me habré dopado tomando un jarabe»
– Comentarista y ex jugador de baloncesto –

DE CERCA
Ver de cerca a Fernando Romay impresiona. Aunque se le conozca de toda la vida. Son dos metros trece centímetros de hombretón. Y de tío simpático. Y de buena persona. De las que juegan limpio de verdad. ¿Será cosa del deporte?  «El deporte no te libra de todo mal, pero te ayuda bastante».

–¿Sigue teniendo vinculación con el deporte?
–Sí, claro. Estoy en la Federación Española de Baloncesto, donde nos ocupamos de muchos temas sociales en los que se puede ayudar desde el baloncesto, como el deporte para mayores o enseñar a los chavales del botellón que no necesitan beber para divertirse, que también pueden hacerlo practicando deporte.

–También retransmite partidos de baloncesto en Telemadrid, ¿no?
–Baloncesto femenino, que cada vez me apasiona más. Los chicos a veces embrutecemos el deporte y cuanta más condición física tienes, más. Falta, por ejemplo, el juego de conjunto que se hacía antes. Las chicas, como no tienen tanta diferencia física, intentan jugar con más técnica y más táctica. Y eso le da un sabor al baloncesto de antaño, cuando no había las condiciones físicas de ahora, que me encanta.

–¿Usted sigue haciendo deporte?
–Sí, ¡qué remedio! Tanto es así, que jugando un partido de baloncesto me escoñé y me tuvo que operar mi compañero Cristóbal Rodríguez. Me operó de la cadera y me puso una prótesis.

–Si es por su tamaño, le pondría dos…
–Pues no, me puso una, pero a medida… ¡Que hasta que la hicieron…! ¡Me quedé asustado! Porque tú dices, vale, eres muy alto, ¿qué problemas tienes? Que no encuentras ropa, que los coches te quedan pequeños, que vas a un hotel y no hay cama… Pero cuando llamas a un hospital y te dicen: le tenemos que poner una prótesis y no hay a su medida.

–Vamos, que usted, para doparse, necesitaría una dosis bien grande. ¿Se ha dopado alguna vez?
–Pues sí, seguramente…

–¿En serio? ¡Sería sin saberlo…!
–¡Y sabiéndolo! Sí, sí, yo me he dopado… Ten en cuenta que si tomas Bisolvón ya das positivo; con lo cual, seguramente habré tomado Bisolvón o alguna efedrina cuando he estado enfermo. Luego, cuando ya se instaló el dopaje, nos dijeron que no lo podíamos hacer y el único caso de dopaje que vi in situ fue el de un compañero mío americano, Mark Simpson, que tenía a su niña como de dos meses con tos y, como él también tosía, se tomó su jarabe, ¡y dio positivo por efedrina!

–Habrá gente que se dopa de verdad, ¿no?
–Habrá gente. Puede… Pero el dopaje es más para un solo torneo que para una competición de nueve o diez meses, porque te acaban pillando. O sea, no puedes estar dopándote continuamente. Esto, me imagino que es en un momento exacto. Cuando estás compitiendo todo el año, no tiene razón de ser. Y para una final tampoco, porque entonces tienes que dejar de competir en medio… Es complicado. Desde luego, para un deporte de larga duración como el baloncesto o el fútbol, no es.

–¿Por qué dicen los franceses que en España hay poco control en el dopaje?
–¡Porque son franceses! Entonces  a donde no llegas con los hechos tienes que llegar con la boca. O sea, critica que algo queda. Es que, además, me hace gracia que quien haya levantado la liebre de esto haya sido Yannick Noah, que ha sido un año o dos número 1 de la ATP… ¡Eso sí que mosquea! En toda una carrera, se puede estar primero, segundo, primero, segundo… Como es el caso de Nadal. En cambio, los que de repente ganan un Roland Garros y ¡fu, desaparecen…! ¡Eso sí que es mosqueante!

–Pero los deportistas españoles de ahora lo ganan todo… ¿Comen mejor que los de antes? ¡Porque ahora gana hasta la Selección!
–Joé, tampoco digas hasta la Selección… A ver. Se están uniendo la técnica con las buenas formas de hacer. En España ha habido una gran mejora de entrenadores. La materia prima la teníamos, de ahí que estuviésemos siempre en buenos puestos. Siempre estábamos a punto de, pero nunca llegábamos.  Y ahora yo creo que viene la generación de los JASP, que son gente que tiene una preparación técnica de la leche y que empieza a hacer deporte desde muy joven. Y, además, hay una red de instituciones que antes no había. Antes mejorábamos en deportes que los demás despreciaban un poco, ¿no? Y luego salían portentos como Santana, o ese tío que hiciese lo que hiciese lo iba a hacer bien, como era Paco Fernández Ochoa.

–O sea, que los deportistas de ahora están más preparados, ¿por eso ganan más?
–A mí todo lo que les den me parece poco. O sea, lo que me parece mal es que estos no repartan, ¿no? ¡Jajaja! No, pero claro, eso va en la medida del interés que despiertas. Gasol, Nadal, Ronaldo…

–El que más interés debe despertar es Ronaldo, que tiene quince cochazos…
–Bueno, es que el fútbol vende mucho, ese glamour malentendido, ¿no? En todo caso, los grandes deportistas de antes no ganaban tanto porque tampoco movían lo que mueven los de ahora, ni estaban sometidos a lo que ahora se les somete.

–Hablando de dineros, los deportistas suelen empezar a cobrar muy jovencitos y lo que ganan se lo suelen administran los padres… ¡Y luego vienen las historias como la de Arantxa Sánchez Vicario!
–No, no. A ver. Lo de Arantxa, no sé, pero yo creo, particularmente, que se arrepentirá de lo que ha hecho. Unos padres son unos padres. O sea, no les mueve su interés, sino tú interés. Otra cosa es que se equivoquen y ahí sí les puedes decir: “creo que os habéis equivocado en este planteamiento conmigo”. Pero no creo que los padres hayan obrado de mala fe, porque yo, por lo menos, con ningún hijo mío lo haría.

–La verdad es que se tiende a pensar que los deportistas juegan limpio en el deporte y en su vida personal… ¡Y de pronto aparece Urdangarín!
–Bien, pero eso es una vez que dejó el deporte. El deporte no te libra de todo mal, pero sí te ayuda a librarte. Y, después, cuando olvidas que eres deportista, es cuando puedes caer en eso. Y, a lo mejor, hay casos en que el deportista deja de ser deportista y se vuelve hombre de negocios o conseguidor o,  no sé, intermediario, y hay mal rollo… Siempre debes prestar atención a tu corazoncito de deportista que te debe estar avisando.

–Seguimos soñando con que Madrid acabe siendo olímpica en 2020. Hay quien piensa que fue un error que nos presentáramos para conseguirlo en 2016, que ya se sabía que era imposible…
–No, no fue en absoluto un error. Esto es una carrera de fondo. Gastamos dinero de cuando teníamos para que nos den dinero cuando no tengamos y poder conseguir más dinero.

–No entiendo… 
–Pues que si nos dan los Juegos de 2020, como ya tenemos la inversión más grande hecha, sólo nos queda recoger los réditos… Si nos los dan en 2020 nos sale fetén.

–¿Y si no?
–Saldrá fetén en 2024… Merece la pena. Unos Juegos Olímpicos son la repera patatera.

–Hacienda va a investigar ahora a deportistas y a artistas…Y usted, además de haber sido un par de veces olímpico, ha bailado en la televisión, o sea, que también es artista.
–Antes los deportistas cotizábamos como artistas porque todavía no estaba el epígrafe de deportista. ¡Y a mí me investigaban continuamente, cada año! ¡Y ya iba yo directamente a entregarlo! Entonces en el distrito de San Blas, que era donde yo vivía, había pocos que cotizaran como artistas…, pero había otro que estaba peor que yo, que era un banderillero de Usera.

–Pues ahora igual le vuelven a investigar…
–A mí que me investiguen lo que quieran… Seguramente algo sacarán, porque algo se te habrá olvidado, pero que me investiguen. Además, ten en cuenta que yo nunca…Yo estaba en el club «blanco»…¡como para cobrar en negro!

Personal e intransferible
De Fernando Romay se sabe casi todo. Que nació en La Coruña en el 59, que está casado, que tiene tres hijos, que goza de un enorme sentido del humor, que le apasiona el caldo que prepara su madre… ¡y hasta que es capaz de mover su cuerpo tanto en el campo de juego como en la pista de baile! «Yo a cualquier cosa que me dicen que me lo voy a pasar bien, digo: “coño, pues vamos a probar ya”. ¡Y lo de bailar me encantó!». Pero es que Fernando no tiene nada que ocultar. Como mucho, que coqueteó con el atletismo antes de convertirse en baloncestista. O que no olvida nada de nada. «Aunque perdone, ¿eh?».

De cerca
«Me encantaría ser Bogart en Casablanca, pero con un final de película Disney. A mí,  que la chica se vaya no me mola nada…»

La Razón

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