Menu
Menu

“NUNCA PENSE QUE ME DARÍAN EL PREMIO IRIS A LA TRAYECTORIA”

MAYRA GOMEZ KEMP, presentadora

Antes de que Mayra Gómez Kemp aparezca por el pasillo para hacer esta entrevista,  miro las fotos de su libro de memorias recién publicado “Y hasta aquí puedo leer”,  y la imagino entrando escuetamente vestida en el plató del “Un, dos, tres….”,  aún con Kiko Ledgard de presentador , como en aquellos días de mi niñez. Desde entonces hasta ahora han pasado muchos años y muchas cosas, aunque quizás la más importante  para Mayra es, sencillamente, que está viva.  “Yo siempre había sabido que era valiente ante la vida…, pero no sabía si lo iba a ser ante la muerte. Y fue la prueba que me pusieron”. Una prueba superada tras vencerle la partida al cáncer en dos ocasiones. Me pregunto si esta presentadora mítica, “la más querida de la historia de la televisión española” como rezan los eslóganes, tuvo a su lado en ese duro trance a todos los que quería o echó de menos a alguien. “Me pasaron algunas cosas que no entendía. –me dice Mayra-Por ponerte un ejemplo, Lydia Bosch, que estaba en un momento personal espantoso, atravesando una separación, me llamó inmediatamente…Y sin embargo Silvia Marsó, no. Hubo un tiempo de silencio. Luego, un día recibí un email suyo, en el que me contaba que no sabía qué decirme,  o si me podía molestar…, pero que quería que supiera que no había dejado de pensar en mí. En ese mismo momento contesté a su email diciendo que me llamara inmediatamente y se rompió el hielo. Pero no era hielo era solo que ella no quería molestar…” Supongo, y se lo digo, que también recogería muestras de apoyo inesperadas, de esas que dibujan una sonrisa en el rostro de quien las recibe y no se olvidan jamás “Pues sí. Mira, un día me llegó una llamada de Carlos Sobera. Carlos es un profesional al que yo admiro y habíamos coincidido en uno o dos sitios…, pero nada más. Y él se molestó en buscar mi teléfono, en llamarme, en ofrecerse para lo que hiciera falta… Igual que Jorge Fernández, que fue otro que no tenía por qué. Porque el primer mensaje que me llegaba siempre era el de José María Íñigo, pero es que a él lo conozco hace muchos años y aunque no tengamos contacto, porque esta profesión es muy castellana, el cariño es de siempre y para siempre.” Aquel trance pasó y Mayra, que sin duda demostró su valentía, sigue aquí, animada por su público que cuando se quedó en 49 kilos y no podía ni caminar porque le fallaban las fuerzas la abrazaba y la decía “ánimo que tú puedes” o “guapa, tú sí que vales”. Eran los días en los que la presentadora casi no podía comer y se bebía a duras penas “unos asquerosos batidos de proteínas” . Aquellos mimos del público, le alimentaban el espíritu y le daban fuerzas para seguir luchando. Y hasta aquí ha llegado, para volver a empezar escribiendo sus memorias. “Mi marido me dijo que tenía que escribirlas porque si no acabaría escribiéndolas otro y no serían igual”. Habla de su marido con quien ha pasado los mejores momentos de su vida, y también algunos tan duros como un intento de suicidio de él, con admiración y cariño: “Yo le pedí permiso para escribir mis memorias y cuando las leyó me dijo que eran las más bonitas que había leído…¡Y él lo sabe todo!”. Cuenta Mayra que si volviera a nacer volvería a buscarlo y a tratar de convencerlo de que se enamorase de ella “¡Me costó tres meses! ¡Que hombre tan duro de pelar! Mayra ha contado todos sus recuerdos en estas memorias. O mejor dicho casi todos “He sido honesta, pero no he escrito aquello que le pudiera hacer daño a alguien” Entre los que sí ha escrito, caben algunos de la época de Franco, porque Mayra trabajo también pudo trabajar en esa otra España distinta. “Hombre, con Franco había censura, eso no lo podías salvar. Cuando hice Rocky Horror picture show hicimos una cosa absurda, lo que se llamaba un “pase de censura”. Imagínate una sala oscura con dos señores sentados mientras tú ibas representando, hasta que de pronto decían “paren”…¡Qué habríamos dicho! ¡Pues dijimos “travesti”, que nos dijeron que teníamos que cambiar por maniquí”…Eso sí, luego vino el productor, Arturo González y nos dijo: “Olvidaos de lo que os han dicho y haced la obra  como hay que hacerla” y lo hicimos… Luego venía la inspección,  metía una multa, se pagaba y seguíamos. Lo que pasa es que también metían baza en los boletines informativos, en los programas en directo, y eso sí que debía angustiar bastante”. Le digo que ella informativos no ha hecho, pero que pasar de ir de chica sexy de un programa a colocarse la americana y ponerse a presentarlo, no debió ser nada fácil “Fue el momento más difícil de mi carrera.-confiesa- Cuando bajé la escalera del Un, dos tres, en  mi primer día de presentadora fui a levantar la mano derecha, porque soy muy gesticulera y vi que me temblaba tanto la izquierda que me apreté las dos, aquí delante, y durante una buena parrafada no moví casi ni una pestaña. Tengo la sensación de que, si  es difícil pasar de llevar un traje de chaqueta a quedarte ligerita de ropa, casi lo es más ir ligerita de ropa y ponerte un traje de chaqueta”. Y debe serlo más aún conseguir esa credibilidad necesaria para conducir un programa como era aquel. Aunque lo cierto es que tuvo la ayuda de ese mago que era Chicho Ibáñez Serrador que, al final, también la falló un poquito. “No me falló el director del programa, que podía hacer lo que quisiera, si no el amigo, que ni me dijo que dejaba de presentarlo…¡Me enteré por la prensa!” En la balanza, en todo caso, mucho más positivo que negativo y ahora un premio-regalo, como es el Iris, a la trayectoria, que le otorga la Academia de Televisión “Tengo varios premios –dice frunciendo el ceño y tratando de rememorar- Cuatro Tps, los “populares del pueblo” que ya no existen…, y a 625 líneas y al Un, dos, tres les dieron el ondas cuando yo los presentaba…Tengo varios de esos que dan, pero el premio Iris no me lo esperaba y no es falsa molestia.  Yo siempre pensé que esto era como en los Óscar que se lo daban a la gente que había tenido careras sesudas e incisivas… En Hollywood cuesta mucho que se lo den a alguien por una comedia y mi carrera ha sido amable, de programas de familia que creaban sonrisas. Pensaba que nunca me lo darían a mí. ¡Y me equivoqué!”

 

PERSONAL E INTRANSFERIBLE

Mayra Gómez Kemp nació en La Habana en el año 48, esta “casadísima” no tiene hijos “pero tengo dos nietos ¿eh?” Se siente orgullosa de haber podido vivir de su trabajo, se arrepiente de muchas cosas que no hizo, llora y ríe con una buena película y le gusta comer de todo y beber agua “y si acaso un poco de vino blanco, el tinto no me gusta”. A una isla desierta se llevaría a su marido. Después de haber presentado, cantado y hasta actuado en el circo le gustaría “hacer documentales divertidos”. No tiene manías y sueña mucho con caballos. De mayor le gustaría ser “una venerable anciana de una tribu de indios en Minnesota” y si volviera a nacer sería “un águila imperial”.

 

La Razón

Back to Blog

Leave a reply

Back to Blog