La realidad supera a la ficción. Lo decía Wilde (o al menos a él se le adjudica la frase ) y nadie se atreve ya a dudarlo. Si a mí se me ocurriera escribir en alguna escena de mi próxima novela que la policía había encontrado grandes masas de billetes de euros primorosamente triturados con tijeras, seguro que alguien con cara de saberlo todo me espetaría: “no es verosímil”. En efecto, no lo es. Pero si real. Ha ocurrido en la ciudad suiza de Ginebra. Allí los recortes de miles y miles de euros han atascado los inodoros de un banco y de tres bares de la ciudad. La policía se está volviendo loca tratando de averiguar de dónde proceden esos dineros de dos damas españolas que, presuntamente, podrían haberse deshecho de ese modo de un antiguo depósito. Todo tiene que ver con que, en los bancos, como es natural, ponen a disposición de los clientes con caja fuerte, el correspondiente cuarto de baño, por si, mientras recuentan sus billetes o lo que sea, sienten alguna necesidad fisiológica. Y claro, alguno de ellos debe aprovechar la circunstancia para cortar en pedacitos un dinero opaco que ya no sabe cómo justificar. Antes, cuando la siempre complaciente Suiza tenía otra legislación bancaria no había problema, pero ahora con la nueva, que entró en vigor este mismo años, las cosas se están poniendo más difíciles para los defraudadores. El país helvético al que antes podían torturar en bloque sin conseguir una respuesta ha accedido al intercambio de información sobre depósitos con la Unión Europea. Pero claro, eso no sucederá hasta 2018 y teniendo en cuenta que la destrucción de moneda no es delito en Suiza, cualquiera que no vea más opción que la no dejar rastro de su dinero negro que destruirlo –debe doler menos tirar billetes al retrete cuando se tiene una colección y ha costado poco ganarlos- optará por tirarlos al retrete, previamente tijereteados. Es más, a las supuestas culpables de la destrucción de grandes cantidades se las ha buscado, sí…, pero no para que explicaran el porqué de su acción o la procedencia de su dinero. En absoluto. Lo único que se le ha requerido a su abogado es que les diga a esas dos damas españolas propietarias desde hace años de una caja de seguridad en el Banco de Ginebra –el primer lugar donde aparecieron los restos de billetes troceados- que paguen los gastos de fontanería ocasionados en los cuatro establecimientos. Y, al parecer lo han hecho, religiosamente. La duda es ¿ habrán pagado con billetes de 500 euros, o con la tarjeta de crédito?
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