El otro día, un devoto de Pérez-Reverte ensalzaba en twitter la cultura del Académico argumentando que un hombre que se ha leído los más de 30.000 libros que él escritor atesora en su biblioteca debe de poseer una cultura incontestable. Yo no dudo de la del antiguo reportero de guerra, porque no hay más que leerlo o escucharlo para asombrarse con sus conocimientos, pero sí de la cantidad de libros que que puede .haber leído él o cualquiera. Verán, si un ser humano de 66 años -como es el caso según Wikipedia-, hubiese leído un libro al día desde su nacimiento, llevaría terminados, a día de hoy, 24.090 libros. Naturalmente, eso supondría más que una superdotación, un milagro, y, además, no le habría dejado tiempo al lector en cuestión, para dedicarle a la guerra, al cine, a la escritura y a la misma vida. La cultura está en los libros, pero también en el aire que se respira. Y sin prestarle atención a vientos y tempestades, hasta las páginas de las más bellas u osadas historias se leen de otra manera. Con todo, hay quien casi ha vivido en exclusiva en ellas; pero, ni aún así podría presumir de tantas lecturas como a veces se les adjudican a algunos. Recuerdo que en su día, hace ya muchos años, Alfonso Guerra presumía de haberse leído 11.000 ejemplares. Para que aquella cifra disparatada hubiese sido cierta cuando la pronuncio, alrededor de los cuarenta años, debería haberse leído más de un libro al día, desde los siete. Camilo José Cela decía que uno no puede considerarse culto antes de haber leído 2.000 libros; pero para poder leerlos hace falta mucho tiempo. Algo menos de cuarenta años leyendo uno a la semana. Veinte años leyendo dos cada siete días… Y los libros, salvo extrañas excepciones –de extensión o de intensidad lectora puntual, por alguna circunstancia- no se terminan en menos. Hay muchos que, aun contando pocas páginas, requieren una atención milimétrica que exige un tiempo precioso que no se malgasta, sino todo lo contrario, cuando se dedica a la lectura que lo merece. Y hay libros, además, como dice el también académico Francisco Rico, en una frase que le “robé” para mi última novela “A menos de cinco centímetros”, que “no son para leerlos sino para usarlos”. El tesoro de las bibliotecas lo es, pese a que sus propietarios solo consigan leerse una parte. Que alguien presuma de haberse leído todo cuanto contienen es, como esas fantasmadas de Julio Iglesias, José Coronado o Bertín Osborne respecto a las conquistas: ¿Con cuántas mujeres decían que…? Pues eso…
Back to Blog¿necesitas ayuda?
lo último
El lujo de divorciarse
11 Abr, 2026
La Luna, la guerra, la Semana Santa… Y un beso
05 Abr, 2026
ultimos comentarios
Marcial en El lujo de divorciarse
Hortensia en El doctor Castell Gómez detalla todo lo que hay que saber sobre hígado graso y alimentación
Ilva en Morir en verano
temas tratados
alimentacion
alimentos
amada carlota
A menos de cinco centimetros
A toda radio
Barcelona
belle époque
Carmen Posadas
cine
conferencia
dieta
Entre Comillas
entrevista
España
futbol
la chica a la que no supiste amar
La mala suerte
literatura
loquelaprimaverahaceconloscerezos
Los secretos de Marta
Luisa Casati
Luisa y los Espejos
Madrid
Madrid a la última
Madrid me Marta
Marta Robles
moda
mujeres
Niños
novela
Novela negra
nutrición
obesidad
Onda Cero
pasiones carnales
Premio Fernando Lara
PRENSA · Artículos · La Gaceta de Salamanca
PRENSA · Artículos · La Razón
PRENSA · Artículos · Wapa
Real Madrid
salud
Telemadrid
TV · Ahora Marta
usted primero
Venecia

Comments
IMPRESIONANTE
Está muy bien, no me importa a quien vaya dirigido, el mensaje contenido es importante , hay mucho pseudo-intelectuale que se esconde de detrás de una o varias licenciaturas y no sabe ni cuando se independizó Argelia…con trayectoria larga profesional y buen cargo .y dices…esto no me val nada..tecnicismos? Baaaahhh
Me gusta la lectura rápida, algo que me acelere…que me motive..y eso lo hace el mensaje escrito concreto,directo..clarito..
Hay betsellers que lo son porque se les hace una propaganda Bárbara y en ciertos medios..pero hay autores desconocidos por ahí perdidos en editoriales que no hacen mucho ruido…hay que buscar amigos y a veces hasta viajar…
Me ha encantado su artículo Marta