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WATERLOO

Publicado en La Gaceta de Salamanca

La sombra de la derrota de Napoleón no parece resultarle amenazante a Puigdemont, quien,  asentado ya en esa mansión alquilada para él por su amigo Matamala y pagada quién sabe por quién, parece sentirse menos deprimido que cuando se filtraron esos mensajes tan perfectamente redactados como para sospechar que el propio ex president quería que se conocieran.  Todo es improvisación, sí, pero también estrategia. O lo que es lo mismo, cada cinco minutos Puigdemont y sus secuaces van ideando movimientos para entretener a los medios de comunicación, mientras continúan tratando de rodear la legalidad y enfrentarse a la Constitución. Así mientras algunos responsables del 1-O continúan en la cárcel y otros están en libertad bajo fianza, Puigdemont sigue buscando la fórmula perfecta para librarse de todo, pero sin dejar ni el cargo, ni la influencia, o al menos condicionando su renuncia  ser president en activo, a cambio de un puesto de presidente emérito de la Generalitat – con un nombre similar también le vale-, un sueldo público y residencia en Bruselas hasta las elecciones europeas previstas para 2019. Por supuesto, ahí no acabaría la cosa sino que empezaría: Puigdemont se presentaría como cabeza de lista de una candidatura única del independentismo y, naturalmente, acabaría siendo eurodiputado.

Una vuelta de tuerca que sugieren en El Confidencial y que implicaría más cosas, claro, porque, para empezar, tendría que buscarse un nuevo posible president, que parece que Puigdemont querría que fuera Jordi Sánchez, para incomodar al Gobierno español. A  ERC la idea no le hace ni pizca de gracia y parece que tampoco estaría muy contento con que JxCAT tuviera el 55 por ciento de las carteras y que incluso la de economía, antes en manos de Oriol Junqueras, pasara a la de Elsa Artadi, que sería la mujer fuerte del ejecutivo catalán. Vamos que Puigdemont quiere, dejarlo, pero no, para imponerse  una vez más, a través de los suyos a ERC, y estos estos no están lo que se dice contentos con la idea. Ni les gusta que Jordi Sànchez pueda ser president desde Soto del Real y menos aún que el propio Sànchez haya roto su neutralidad y esté apostando descaradamente por Puigdemont… Así las cosas, todo está revuelto no solo más allá de los independentistas, sino entre ellos, y el escenario sigue siendo complicado e incluso siniestro sobre todo por su matiz de interminable. Porque parece que, más que una última batalla por ganar o perder,  lo que queda por delante es una guerra. Y no cualquiera, sino la de los cien años…

 

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