Publicado en La Gaceta de Salamanca
Hacía muchos años que no viajaba tanto y a tantos lugares. Y eso que hasta Semana Santa me he quedado sentada frente al ordenador, escribe que te escribe, hasta acabar la que será mi próxima novela. Dirán ustedes que vaya un viaje. Pues les cuento que el que he cho a través de las líneas -que espero compartir próximamente con ustedes- ha sido muy interesante, pero que, además, como parece que casi solo yo me he quedado en mi domicilio mientras el resto de los mortales se movían de un lugar a otro, pues al final, quien más lejos se ha ido he sido yo. Como lo leen. Porque he de decirles que entre páginas escritas y ratos de lectura para descansar de mi propio discurso de ficción, de vez en cuando me he dado un paseíto por las redes. Como en Twitter había un concurso internacional de palabras gruesas y lo mismo le caía un chorreo a un bromista que a unos futuros padres de gemelos, me retiré discretamente y sin hacer ruido y me interné en Instagram. Y miren ustedes por donde, descubrí que la gran mayoría de los viajeros estaban pasando sus días de asueto foto que te foto. Y egoístamente lo aplaudo porque a mí me ha servido para darme una vuelta por África, China o Albacete o para soñar con los buñuelos de bacalao, el potaje de vigilia y las torrijas de los lugares más recónditos de la geografía española. Además me he bañado en playas, he montado en moto, he visitado el centro de Europa y he conocido toda suerte de modelitos de pretemporada, para él y para ella, aderezados unas veces con sonrisas, otras con morritos y algunas con caras raras. Si tuviera que hacer un mosaico con todo lo que ha pasado por Instagran en estos días, incluiría desde a Jesucristo en la Cruz a las vírgenes de todas las devociones, pasando or los nazarenos, sí, pero también almendros en flor, montañas reverdeciendo, aguas tranquilas o turbulentas, frío, calor, monumentos y sobre todo niños, muchos niños. Y perros. Y gatos… Y está muy bien. De verdad. Solo que después de comprobar que ha habido algún instagramer que, él solito, se lo ha subido todo (fotos cada veinte segundos, oigan, que ni siquiera me daba tiempo a darle a los likes) he llegado a la conclusión que mientras sacaban las instantáneas he sido yo quien ha dado la vuelta al mundo en mil quinientas fotos. Y se lo agradezco. De corazón. Yo no sería tan generosa. Disfrutaría y como mucho compartiría algún recuerdo…. Pero mi vida entera, no.
Back to Blog
