Normalmente, en un día como el de hoy, tras unas elecciones en una comunidad autónoma, todos los candidatos estarían reconociéndose los méritos, pese a los batacazos. Pero hoy el panorama en Andalucía es un poco distinto. Hay quien, como el pobre Juan Marín, de Cs, ya fuera de la política, sí se consuela adjudicándose alguno de los más notables: él solito ha frenado, según dice, el avance de Vox, que no es que no haya alcanzado los números que quería (no le ha ido tan mal, después de todo, ha subido dos escaños), sino que se ha queda sin entrar en el Gobierno para retorcerle el brazo al popular como pretendía. Pero en el PSOE, salvo las tonterías de Lastra, que…, en fin…, como los números han sido tan “épicos”, “gloriosos” y “sobrenaturales” (conseguir tan mal resultado en su feudo de tantos años es toda una proeza), nadie se atreve a encontrarle el lado bueno a la cosa, como tampoco los del frente Podemos, que pocas chorradas han podido declarar tras la debacle. Un éxito electoral tan relevante conlleva (o debería) la reflexión de todos los políticos. Incluidos los ganadores. Saber por qué el péndulo se mueve, investigarlo para trabajar por los ciudadanos, en vez de andar con la preocupación de cómo repartirse los escaños. Esa tendría que ser la obligación de vencedores y vencidos. Y la de los primeros, reconocer que su responsabilidad es enorme y que también es imprescindible saber ganar, sobre todo cuando se hace en política, donde no se ganan “guerras” a los “enemigos”, sino que consiguen victorias sobre los adversarios, que siguen siendo parte de la política y, por tanto de la voz del pueblo (sean los que sean, aunque sean cuatro). En grandes triunfos electorales como este, siempre pienso en Nadal, en si sería posible que los políticos ganadores ofrecieran esa misma voluntad de tender la mano y de reconocimiento a los perdedores para que, entre todos, pudieran demostrar que, en efecto, como decía Aristóteles, la democracia es el menos malo de todos los sistemas de gobierno. Hay que felicitar a Moreno y a su equipo. También a Feijóo por su apoyo al candidato (¡cómo debe de estarlo pasando el anterior presidente del PP!). Y también pedirles que sean cuidadosos, respetuosos, que consideren a los otros, a quien también respaldan sus electores y a los que ellos, como ganadores tanto como a quienes les han votado. ¿Que todo esto que propongo es ciencia ficción y que no sucede en política? Puede, pero debería. Nuestro mundo sería un poco mejor. Y con la crisis que se avecina, sería interesante que trabajásemos todos a una, sin dejar a nadie fuera y señalado, como, tal vez, han querido hacer algunos de los que han perdido, y de ahí su resultado…
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