Lleva escribiendo y publicando libros desde 1991 y este es su vigésimo libro. En plena promoción de su ‘Amada Carlota’, ya anda enfrascada en su siguiente novela sin perder ni las ganas ni la sonrisa que le cambia la cara cuando habla de sus personajes, especialmente del detective Roures, que se ha convertido en el hilo conductor de sus novelas. La última trata un tema tan escabroso como fueron los bebés robados durante demasiados años en nuestro país, en un relato construido en tres tiempos donde también se abordan las agresiones sexuales y un mensaje final de cómo las mujeres todavía silencian tantas cosas a pesar del paso de los años. Marta Robles habla con pasión y muestra su lado más humano cuando dedica este libro a su marido, Luis Bustamante, su ‘Pepito Grillo’ particular, que le pone música a sus novelas y los pies en el suelo cuando hay que valorar sus textos. Hacen un buen equipo y eso no siempre se consigue.

P: Regresa a las librerías con ‘Amada Carlota’, una historia en diferentes tiempos con su detective favorito al frente del reparto. Bebés robados, agresiones sexuales y una historia de amor de fondo. Hábleme de su último ‘parto’.

R: En realidad son tres tiempos porque la historia comienza en 1985, que es cuando una adolescente entra en un coche de lujo en una clínica clandestina y alumbra a un bebé que le quitan al momento. Después venimos al presente, que yo sitúo en 2018 porque no quería que me trastocara la pandemia, y allí es donde se encuentran el detective Roures y la jueza Carlota Aguado, que tienen una relación sentimental que no atraviesa por su mejor momento porque ella le ha puesto los cuernos con una mujer dejándole realmente descolocado. Es verdad que la relación de mis protagonistas no tenía puestos los límites, pero sí le confiesa que en esa «infidelidad» ha encontrado algo de su pasado que nunca antes le ha contado. A partir de ahí le pide que investigue en un caso de ese pasado oculto que nos va a llevar directamente al robo de bebés que se produjo en nuestro país durante varias décadas. Por eso escribo en varios tiempos, para regresar a finales de los años 60, en plena Dictadura española, sobre una familia característica de ese tiempo: un hombre poderoso, afecto al Régimen, que está casado en lo que fue un matrimonio de conveniencia con una chica de un estrato social mucho más bajo, asturiana, a la que sus padres le han empujado a que se coloque bien. Cuento cómo siente que está en una vida que no le pertenece y en la que no sabe cómo comportarse. En ese buscar sus días de escape se va a encontrar atrapada en esta familia, perfecta de cara al exterior, pero que cuando se cierran las puertas esconde una colección de horrores terroríficos. Aunque el argumento central de la novela es el robo de bebés en diferentes épocas de nuestro país, hay también otra investigación de abusos sexuales por parte de un profesor de la universidad a varias estudiantes. Al final de lo que quiero hablar en este libro tocando diferentes épocas, de la dictadura a la democracia actual, es visibilizar cómo las mujeres siguen siendo vulnerables y siguen callando ante el temor a ser señaladas. Antes y ahora muchas no se atreven a contar nada.

P: Es triste que pasen los años y, aunque la sociedad haya cambiado, aún hay muchos silencios entre las mujeres ante el temor de lo que las puedan estigmatizar.

R: Es la realidad. Hace no mucho leí la noticia de que había un profesor que había estado abusando de sus propias alumnas en un conservatorio y esas chicas llevaban dos años sufriendo abusos y calladas, siempre por miedo a que no las creyeran o las señalaran. También es preocupante ver cómo cuando se han analizado las víctimas de malos tratos en los últimos tiempos, comprobaron que había muchas señoras que habían estado sufriéndolos durante 20 años, mujeres que hoy están en torno a los 60, y habían callado como hacían las mujeres en la Dictadura, como mi protagonista Magdalena, que no decía nada por miedo a perder a sus hijos o por el qué dirán. De ahí mi interés en contar que tanto en una época como en la otra todavía hay casos que al final siguen en el mismo sitio.

P: ¿Cuánto de inspiración real hay en este libro en concreto? Lo digo porque cuenta cómo su protagonista tiene una relación extramarital con el mismísimo Nicolás Franco.

R: Toda esta historia nace de una conversación que tuve con la hermana de una compañera del colegio que quería que escribiera sobre su vida, algo que nunca hago porque es muy probable que el resultado nunca sea satisfactorio. Me dio muchos detalles, pero hubo dos que se me quedaron en la cabeza: el robo del bebé que tuvo mi compañera en plena adolescencia y la relación clandestina de su madre con el hermano de Franco. En esos años sesenta no quitaban los bebés solo a las chicas ‘descarriadas’ sino que también lo hacían con las ‘niñas bien’ y para eso había determinadas instituciones que se encargaban de ocultar esos embarazos para luego quedarse con los bebés. El caso es que me olvidé de esta historia completamente y pasados los años, cuando estaba preparando un reportaje de violencia de género, me enteré de que mi compañera del colegio, eso no me lo había dicho su hermana, había sido asesinada por su ex pareja, un piloto, un tipo normal y corriente. La encontraron muerta en la bañera su padre y su hermano, y luego el tipo se quitó la vida. Me dejó tan bloqueada esa historia que recuperé algunas de las cosas que me contó su hermana para desarrollar una historia. Me pongo a investigar sobre los bebés robados y es cuando me encuentro con algo que nunca antes había leído y era la descabellada teoría del «gen rojo» de Vallejo-Nájera.

P: Sin duda, es una auténtica atrocidad ya que, según cuenta Nájera, defendía que los hijos de «rojos» tenían que ser separados de sus madres para quitarles esa influencia.

R: A Antonio Vallejo-Nájera le llamaban el ‘Mengele español’. Tiene varios libros de teoría de la eugenesia. Era el jefe de los centros psiquiátricos de Franco y obviamente desarrolló esta idea en una Europa donde reinaban las teorías supremacistas. Empieza a tratar de probar su teoría durante la Guerra Civil en los campos de prisioneros y después la quiere desarrollar más a fondo en la cárcel de presas ‘rojas’ de Málaga, que eran ‘rojas’ porque les había tocado estar en la zona republicana pero ya está. Según su teoría, si la persona tenía un «gen rojo» era un degenerado moral, social e intelectualmente, y con esa idea era mucho más fácil arrebatarte a los hijos. Entre eso y lo de las monjas, que en los tiempos de Franco se les dio mucho poder en la educación y en los centros sanitarios, porque no eran solamente enfermeras sino que también eran gerentes, se decidía quién era apta para ser madre tanto por si era una ‘descarriada’ como si era de familia pobre, entregando sus hijos a una ‘buena familia’. Esas cosas no pasaban solo en España, también en todos los regímenes autoritarios una vez llegan al poder con la violencia como ha pasado en Chile, en Argentina, en el Congo Belga, en El Salvador…

P: ¿Le preocupa como le va a sentar a los Vallejo-Nájera lo que cuenta de su bisabuelo?

R: En absoluto porque saben quién fue su bisabuelo y son conscientes de que quien dejó una huella en la Psiquiatría fue su abuelo con todos los libros que ha escrito y la infinidad de estudios académicos. Incluso así les he citado en los agradecimientos con mucho cariño y aclarando que, si tiramos de árbol genealógico, es probable que muchas personas también encuentren un borrón negro entre sus antepasados. Como te decía, cuando me pongo a investigar por los robos de bebés fue cuando me topo con esta historia y refresco la memoria de una época en la que pasaban muchas más cosas de las que siempre se cuentan, como que las mujeres no podían trabajar sin permiso del marido o sacarse el carné de conducir. Me centro más en contar cómo llegan a España las primeras benzodiacepinas que empiezan a tomar muchas mujeres para aguantar la vida que llevan. En cuanto a la infidelidad, me inventé la relación que mantuvo Nicolás Franco con una mujer de ficción, no sé si la tendría o no con la madre de mi amiga, pero el resto de lo que cuento del hermano de Franco es cierto.

P: Al final la realidad siempre es la mejor inspiración.

R: Porque las novelas no tienen que ser reales, pero sí creíbles.

P: Sus novelas siempre van acompañadas de una banda sonora y ahí está la mano de su marido, que me consta es quien mejor le asesora. ¿Cómo hacen esa simbiosis?

R: Es verdad que hay influencia suya en la música de mis libros con el detective Roures hasta el punto que tengo la playlist en Spotify. Cuando necesito una canción, triste, alegre o según el contexto, le pregunto.

P: Me consta que tiene la agenda a reventar y supongo habrá momentos en que quiera tirar la toalla. ¿Quién le da ese impulso para seguir?

R: Mi marido, que no me aguanta cuando me pongo a escribir una novela porque me vuelvo muy neurótica y estoy todo el día pensando en lo mismo, pero es quien también me ayuda, me apoya y me lee porque al final es un trabajo en equipo. Yo como soy una insegura con dos piernas, me viene muy bien cuando de pronto le puedo enseñar algo y me da su opinión,que para mí es fundamental.

P: «El hombre que me dice ‘te quiero’ cada mañana y cada noche porque su amor y confianza me vuelven poderosa», como escribe en su dedicatoria.

R: Exactamente.

P: ¿Qué es más difícil a la hora de escribir, el sexo, la violencia, el amor, las deslealtades…?

R: Esta novela va de los malos que de verdad son los que me dan miedo, los que tienes en tu entorno. Lógicamente no es lo mismo hablar de sexo onírico que de una agresión sexual. Hay escenas muy duras y lo más curioso es que cuando las releo es como si las hubiera escrito otra persona. Es una una sensación rara porque cuando escribes determinadas historias muy bestias, de sangre, de sexo, o de lo que sea, pienso que hay una protección en tu propio cerebro y de ahí esa reacción final de creer que es otro quien lo ha escrito.

P: ¿A quién enseña primero sus textos porque se fía de su criterio?

R: A Luis. En una ocasión hasta me hizo tirar un texto que había terminado a pesar de mi sorpresa y entendí que tenía razón porque no había captado el tono que requería esa historia. Le hago mucho caso y por eso lee todo lo que hago.

P: Dice que algunas mujeres siguen calladas por esa vulnerabilidad. ¿Qué opinión tiene de las feministas que hoy acaparan los titulares de la política?

R: Estoy desolada porque las de mi generación hemos sido feministas desde que tenemos uso de razón. He trabajado con mujeres maltratadas desde mucho antes de que existiera La Ley de Violencia de Género y he visto cómo hemos avanzado, cómo la palabra feminismo se pronunciaba con respeto y resulta que pasados los años, y precisamente porque ha habido una serie de políticas que han decidido que eso era de ellas y de nadie más, al final se ha denostado mucho el significado de la palabra feminismo. Yo creo que el feminismo es un movimiento social que engloba a todas las mujeres, independientemente de su ideología, credo, raza o lugar de procedencia. Que haya unas cuantas que se hayan erigido como poseedoras del verdadero feminismo, lo que ha hecho es dividir a las mujeres. Ahora te encuentras con gente que tiene una mala opinión del feminismo cuando lo único que persigue es la igualdad de obligaciones, derechos y oportunidades, que es lo menos discutible que puede haber. Siempre digo que el feminismo será inclusivo o no será, es decir, que el feminismo es una carrera que tenemos que hacer junto a los hombres, y si no es así nos mantendremos en dos islas y siempre habrá un enfrentamiento y una disputa. Por eso debe ser inclusivo. No sé por qué hay mujeres que se empeñan en otra cosa.

P: ¿Qué hace cuando no tiene una novela entre manos?

R: Siempre estoy escribiendo, no puedo dejarlo porque me sentiría muy vacía. Pero vamos, tampoco tengo mucho tiempo. Ahora tengo 25 o 30 viajes pendientes de promoción de la novela.

P: ¿Le apetece optar al premio Planeta? Igual lo ha hecho y no nos hemos enterado…

R: No me he presentado nunca. Pero no se sabe. La vida es muy larga.

P: ¿Qué le han parecido las declaraciones del último premio Nadal, David Uclés, con toda la polémica que se ha montado al negarse a participar en un debate sobre la Guerra Civil que organizaba Pérez Reverte y al que iban a asistir Aznar y Espinosa de los Monteros?

R: Esta claro que hubo un bando ganador y otro perdedor, pero perdimos todos porque perdimos derechos, libertad y capacidad de votar.