Publicado en el suplemento de salud de La Razón
Al requerir más masticación y comerse más despacio aumentan la sensación de saciedad y ayuda a controlar mejor la cantidad que se ingiere, explica Andrea Celis, nutricionista de Olympia Quirónsalud
¿Qué importancia tienen las verduras crudas en la dieta?
Las verduras crudas aportan fibra, agua, vitaminas (especialmente algunas sensibles al calor como la vitamina C y parte del folato) y compuestos bioactivos (polifenoles, glucosinolatos, carotenoides, etc.). Además, su baja densidad energética ayuda a mejorar la calidad global de la dieta y facilita alcanzar las raciones recomendadas de verduras. También ayudan a mantenernos saciados.
¿Tienen mayor aporte nutricional que si se comen las verduras cocinadas?
Depende. En crudo se conservan mejor algunas vitaminas sensibles al calor (como la vitamina C), pero al cocinar aumenta la biodisponibilidad de otros compuestos (por ejemplo, el licopeno del tomate) y a muchas personas les sientan mejor. Por eso, lo ideal es consumir una ración cruda y otra cocinada al día.
¿Ayudan a la salud intestinal y digestiva?
Sí, sobre todo por su fibra, que favorece el tránsito intestinal y contribuye a un entorno intestinal más saludable. Aun así, no hace falta que sean crudas para conseguir ese beneficio.
¿Sacian más?
En general, sí. Al requerir más masticación y comerse más despacio aumentan la sensación de saciedad y ayuda a controlar mejor la cantidad que se ingiere.
¿Y qué beneficios metabólicos aportan?
Tienen baja densidad calórica, mucha fibra y agua, y ayudan a mejorar el patrón de alimentación. Esto se asocia con mejor control del apetito y, a largo plazo, con menor riesgo de problemas metabólicos cuando forman parte de una dieta saludable.
Ese consumo de verduras crudas ¿proporciona enzimas naturales que facilitan el proceso digestivo?
Aunque contienen enzimas, la digestión depende principalmente de enzimas del propio cuerpo y muchas de las enzimas vegetales se inactivan en el estómago. Su ventaja real está más en la fibra y los fitoquímicos.
¿Hay que comerlas todos los días?
Si, hay que consumir 2 raciones al día. Lo ideal es que una ración sea cruda y la otra cocinada. Además, de que lo ideal es que se consuman verduras de todos los colores para aportar diferentes vitaminas y minerales. Se pueden consumir en forma de: ensaladas, crudités, gazpacho, y también verduras cocinadas, salteadas, al vapor o en crema.
¿Y las puede y debe comer todo el mundo o no son convenientes para todas las personas y a todas las edades?
No necesariamente. En personas con digestión sensible (síndrome de intestino irritable, brotes de enfermedad inflamatoria intestinal, distensión o gases), a menudo se toleran mejor las verduras cocinadas, en crema o en puré, ajustando cantidad y tipo. En personas mayores con problemas de masticación o deglución, conviene adaptar la textura (cortar fino, rallar o cocinar). En embarazadas, inmunodeprimidos o personas muy mayores, se debe extremar la seguridad alimentaria y evitar alimentos crudos de mayor riesgo microbiológico, priorizando opciones muy bien lavadas o cocinadas.
¿Hay que tener cuidado con su higiene para provocar algún tipo de contaminación bacteriana?
Sí. Al comerlas crudas es clave: lavado de manos, limpiar utensilios/superficies, evitar contaminación cruzada con carne/pescado crudos y lavar bien las verduras bajo agua corriente. En personas vulnerables, se recomienda extremar precauciones.
Al tener tanta fibra y ser a veces difíciles de masticar ¿pueden provocar alguna molestia intestinal o incluso indigestión y malestar?
Puede ocurrir, sobre todo si se aumenta la cantidad de golpe o con verduras más «fermentables». La solución suele ser: subir la cantidad poco a poco, elegir preparaciones más tolerables (cocidas, trituradas), cortar fino y repartirlas en varias comidas.
