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Música, poder y espectáculo

Publicado en La Razón

«Bud Bunny ha invertido los elementos y ha transformado el espectáculo en poder»

La música es poder. La prohibieron en Cuba tras una revolución necesaria, cuando los libertadores se convirtieron en tiranos. Y la prohibiría seguramente Trump, si pudiera, después de haberse dado cuenta de que a través de ella y de esos líderes de masas sin parangón que son los cantantes, se puede escupir a la cara del presidente más autoritario y menos democrático de la historia de EEUU, toda la verdad, por incómoda que le resulte. Desde su llegada a la presidencia norteamericana, Trump decidió convertir el poder en espectáculo; Bud Bunny ha invertido los elementos y ha transformado el espectáculo en poder. Trump no barruntó siquiera (si no habría buscado el modo de prohibir la actuación) que un portorriqueño con esa piel tostada que él tanto desprecia, podría vestirse de blanco (y de Zara) y ser recibido como un ángel en el descanso de la Super bowl LX y hablar con el lenguaje del pueblo e introducir en sus canciones y en sus bailes todas las críticas y reivindicaciones que comparten millones de personas dentro y fuera del país que preside. Esta actuación en sí misma ya hubiera supuesto una amenaza para el tío Donald, pero es que encima, Benito Antonio Martínez Ocasio decidió que su representación fuera íntegramente en español y la lleno de símbolos culturales y mensajes de inclusión, culminando con la frase en pantalla – está sí en inglés- The only thing more powerful than hate is love (Lo único más poderoso que el odio es el amor). La respuesta de Trump a tan espectacular producción, con cameos de artistas como Lady Gaga y Ricky Martin que reforzaron la idea de diversidad latina, y logró una recepción masiva de más de 135 millones de espectadores (además de las posteriores reproducciones de las canciones, con record en plataformas como spotify), fue que había sido «absolutamente terrible», «una bofetada a EEUU que no reflejaba valores estadounidenses tradicionales» y «¡que nadie había entendido ni una palabra de lo que decía!» Ya ven, este hombre que rige los destinos del mundo desconoce que, de los 348 millones de habitantes de Norteamérica, 57 millones hablan español; también que sus palabras acunadas por el poder de la música ya han sido traducidas repetidas y bailadas en todo el planeta…

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