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Ceuta, el espejismo y el enemigo

Publicado en La Razón

Compasión y firmeza no son conceptos incompatibles

Veo miles de caras sonrientes de jovenes marroquíes que sueñan, ríen, aman y buscan ser amados y que, en un viaje a nado desde su país al nuestro, han cruzado la frontera con la ilusión, no de cambiar de estado sino de universo. Apenas conocen nuestro idioma, pero no les preocupa. Ahora solo quieren mirar, con sus ojos asombrados, esta tierra tan distinta de la suya, que en el fondo es la misma, pero pasada por el filtro del bienestar. Los chavales imaginan en ella un horizonte de bonanza y prosperidad para toda la vida. Pobres. No saben que, aunque una sentencia reciente del Tribunal Supremo haya establecido que las llamadas «devoluciones en caliente» no pueden aplicarse a quienes acceden por mar, nadando, porque la regulación actual solo contempla ese rechazo inmediato para quienes intentan superar los elementos físicos de la frontera terrestre, el objetivo del Gobierno español sigue siendo devolverlos a Marruecos lo antes posible. Los casos de los menores no acompañados se estudiarán, y probablemente muchos de ellos consigan quedarse…, pero no serán recibidos con los brazos abiertos. Europa ya no es ese lugar donde basta llegar para encontrar trabajo, estabilidad y un porvenir sin sobresaltos. También aquí hay desempleo, dificultad para acceder a una vivienda, salarios insuficientes y una preocupación colectiva y creciente por la inmigración irregular. Es comprensible que estos jóvenes alimenten la esperanza de una vida mejor; pero es muy triste que esa esperanza nazca de un espejismo. Detrás de cada travesía hay una historia personal, pero también detrás de cada entrada masiva hay un desafío para un Estado, que debe proteger sus fronteras aun cuando no quiera renunciar a la humanidad. Compasión y firmeza no son conceptos incompatibles. Quien arriesga la vida debe ser tratado con dignidad; quien gobierna tiene la obligación de hacer cumplir la ley para protegerlos a ellos y a nosotros. Quizá el verdadero drama no sea que miles de jóvenes crean que Europa es el paraíso, sino que hayan dejado de creer que pueden ser felices en su país, que Europa no sea capaz de ayudarles a conseguirlo y que cualquier malvado les pueda incitar a jugarse la vida por un sueño vano. Mientras eso no cambie, Ceuta seguirá siendo más que una frontera un espejismo y los que la cruzan, el enemigo.

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