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«Hay que alimentar las bacterias intestinales buenas en medio del caos del verano»

Publicado en el suplemento de salud de La Razón

Débora Nuevo es jefa de la Unidad Microbiota Olympia Quirónsalud

1. ¿El verano altera la microbiota? ¿Por qué?

Sí, el verano puede modificar el equilibrio de la microbiota. Los principales motivos son tres: cambiamos lo que comemos, alteramos nuestros horarios de sueño y comida, y solemos exponernos a entornos y alimentos distintos a los habituales (viajes, restaurantes, comida callejera). Todo esto supone un reto de adaptación para nuestras bacterias intestinales, que están acostumbradas a una rutina.

2. ¿Cómo podemos proteger el intestino?

La clave está en dar continuidad, dentro del caos del verano, a los hábitos que alimentan a las bacterias beneficiosas: fibra, variedad vegetal y buena hidratación. No hace falta ser perfectos, sino evitar que la rutina cambie de golpe y del todo.

3. ¿Es cierto que con el calor aumenta el riesgo de toxiinfecciones y gastroenteritis?

Sí, es cierto. El calor favorece la proliferación de bacterias en los alimentos si no se conservan bien, y esto incrementa el riesgo de toxiinfecciones alimentarias y gastroenteritis, especialmente con mariscos, huevo, mayonesas caseras o alimentos que rompen la cadena de frío. Además, cuando viajamos, el intestino se enfrenta a bacterias distintas a las que está acostumbrado, lo que puede causar la conocida “diarrea del viajero”.

4. ¿Cómo afectan los cambios de dieta?

En verano solemos comer de forma más irregular: más ultraprocesados, helados, alcohol, o comidas fuera de casa, y a veces menos verdura y fibra que en nuestra rutina habitual. Estos cambios pueden reducir la diversidad de bacterias buenas y favorecer a las menos beneficiosas. La buena noticia es que la microbiota es muy sensible a la dieta, así que responde rápido también en positivo si retomamos buenos hábitos.

5. ¿Y los cambios de horario?

Nuestras bacterias intestinales tienen también un ritmo circadiano, es decir, funcionan con relojes biológicos similares a los nuestros. Cuando cambiamos mucho los horarios de sueño y de comidas (algo muy común en verano), este ritmo se desajusta, lo que puede alterar la digestión, la producción de ciertas sustancias beneficiosas y el equilibrio general del ecosistema intestinal.

6. ¿Qué consejos nos daría para proteger la microbiota en verano?

Hidratarse bien, sobre todo con el calor, consumir fibra y vegetales variados, la mejor “comida” para las bacterias buenas, incluir alimentos fermentados (yogur, kéfir, chucrut) que aportan bacterias beneficiosas, mantener una higiene alimentaria cuidadosa, especialmente en comidas al aire libre o con mariscos y tener precaución al viajar, sobre todo con el agua: preferir agua embotellada en destinos con dudas sanitarias.

Cuidar la microbiota en verano no significa renunciar a disfrutar de la estación, sino ser conscientes de que, detrás de cada comida y cada cambio de horario, hay todo un ecosistema trabajando por nuestra salud.

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