Publicado en La Razón
«Necesitamos responsabilidad, valentía al declarar emergencias nacionales y solidaridad de todos los grupos políticos»
Siento que se quema mi tierra y me estremezco. La misma tierra que visité, en la que viví o de la que formé parte y que ya, seguramente, no veré recuperada. Nunca sé si estos incendios de los veranos de toda mi vida –cada vez más inextinguibles– son el resultado de la ira y los intereses de algunos, de la desidia de otros o del olvido de aquellos a quienes les correspondería hacer planes durante el año para combatirlos. Supongo que, además del clima enloquecido e inclemente, todos somos un poco culpables. Unos por pensar que lo suyo no se puede quemar y apartar recomendaciones y prevenciones; otros por no buscar medios y soluciones durante el año para que no se produzcan o, al menos, para poder atajarlos con prontitud; y algunos por su propia maldad, entusiasmo por el negocio o pura venganza. España cada vez tiene la vegetación más mermada. En algunos lugares, el fuego ha arrasado tantas hectáreas de terreno que pensar en cómo será su evolución resulta desolador. A veces hay que lamentar vidas perdidas; siempre, recuerdos y esperanzas. No todos consiguen escapar a la tragedia o trascenderla; muchos, incluso sanos y salvos, se quedan atrapados en ella. Sobre todo a partir de cierta edad. Me pregunto qué será más importante que planificar la lucha contra los incendios en estos veranos de calor cada vez más sofocante. Cómo podrán los políticos hablar de otras cosas, pelearse y tratar de ganar batallas ridículas, en tanto los ciudadanos ven quemarse sus sueños. Mientras nuestro universo arde, lo de menos son las joyas de Zapatero, las mil citas judiciales de tantos corruptos o quién ganará las próximas elecciones… Ahora necesitamos responsabilidad, valentía al declarar emergencias nacionales y solidaridad de todos los grupos políticos, sean del lugar de España que sean. Sin fisuras. Sin excusas. Sin excepciones. Quien no arrime el hombro, que se vaya. Por no hacer, por no dejar hacer, o por pretender defender solo su partecita de este país que todos deberíamos amar y proteger de punta a punta. Ojalá que el viento nos dé tregua y podamos apagar los fuegos de todos. Y ojalá también intentemos evitarlos, combatirlos y protegernos juntos, sabiendo que solo la unión hace la fuerza y que este calor del mundo, cada vez más extremo, no perdonará a nadie.
