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La estupidez y el coraje

Publicado en La Razón

«La estupidez no se cura con educación, sino con coraje. La pregunta es ¿Lo tenemos ustedes y yo?»

Cuando los nazis encerraron al pastor y teólogo alemán Dietrich Bonhoeffer en su celda del campo de concentración de Tegel, tras haber conspirado para matar a Hitler, y ya sabía que sería ejecutado, decidió escribir algo que explicara no cómo había sido posible el mal, sino que la gente buena -médicos, profesores, pastores, personas educadas, universitarias, lectoras y con familias perfectas…-, lo aplaudiera. Su conclusión resultó aterradora: todo aquel espanto lo posibilitó la estupidez. Según Bonhoeffer, la maldad siempre tiene un propósito y por eso se puede resistir, encerrar e incluso anticipar; pero contra la estupidez no hay defensa, porque el estúpido no es un ignorante sino alguien que ha renunciado a utilizar su juicio propio y ha entregado su capacidad de pensar a un líder, un eslogan, una ideología…, en definitiva, a un grupo, al que pertenece emocionalmente, por lo que no se puede apelar a su razón, que ya es la de otros. Cuanto más poderoso es el grupo, más fácil es pensar en bloque y olvidarse de hacerlo por uno mismo, para no arriesgarse a sufrir su rechazo. El malvado necesita mentir, esconderse, le señalan… En cambio, el estúpido -que no ignorante- actúa respaldado, porque es el instrumento de otros, aunque lo desconozca y está convencido de formar parte de algo grande y justo. No fueron los monstruos los que destruyeron Alemania sino millones de personas normales que dejaron de hacerse preguntas, entregaron su criterio a otros y pusieron en sus manos su obediencia. Este tipo de conducta ¿no les recuerda a la de nuestros días? ¿Cuántas personas han dejado de hacerse preguntas y de pensar por sí mismas sin saberlo? ¿Cuántas avalarían cualquier cosa que dijera su grupo político, por injustificable que fuera? No son malas personas, pero ya no piensan por sí mismas, repiten eslóganes sin comprenderlos y comentan titulares sin leer los artículos. Son estúpidos informados y con argumentos…, pero no suyos: son los argumentos de otros a los que han cedido consciente o inconscientemente su propio criterio para contar con su aprobación. Cambiar de opinión y enfrentarse a la del grupo tiene consecuencias y requiere coraje… Pero es que la estupidez no se cura con educación, sino con coraje. La pregunta es ¿Lo tenemos ustedes y yo?

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