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La perfección no existe

Hace muchos años, hacia la mitad de mi vida vivida, tuve un accidente. Me atropelló una moto y me partió las dos piernas, una de ellas en varios pedacitos. Coincidía con la veintena o, lo que es lo mismo, ese período maravilloso de la existencia, en el que nos creemos los seres más estupendos de tierra, independientemente de nuestras virtudes o defectos. Yo, que noiba a ser menos, me sentía la chica más mona de mi mundo y a veces repartía la tontería propia de la edad. Y en eso estaba cuando llegó el accidente, que lo cercenó todo.

Publicado en di-CAPAZ / revista de la Asociación Pro-discapacitados del Cuerpo Nacional de Policía.

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