Menu
Menu

Albert Boadella

«Soy muy conservador pero muy asilvestrado»
– Dramaturgo –

DE CERCA
Mientras celebra los 50 años de Joglars, recibe en su despacho de los Teatros del Canal en Madrid, donde  en la pared hay… «¿eso es una foto de Esperanza Aguirre?»  «Sí», dice Boadella partiéndose de risa. «La recorté de una en la que salíamos juntos. No creo que sepa que la tengo».  Pues ahora ya sí.

«Aprecio a Esperanza» –me dice Boadella aún entre risas tras lo de la foto–. «Siempre me ha caído bien… El PP lo que mejor tiene son las mujeres, es un partido de mujeres, los hombres son un poco blanditos, estoy convencido. Esperanza, Soraya, Cayetana Álvarez de Toledo, Cospedal… Tiene un plantel de mujeres fantástico». Así empezamos la entrevista: con humor y en tiempo y forma, porque Albert, que es un hombre delicioso y educadísimo, al que se le ríe hasta su traviesa mirada azul, detesta la impuntualidad.

–¿Le felicito primero por los cincuenta años de Els Joglars o, tal y como están los cargos públicos, por cumplir tres años al frente de los Teatros del Canal de Madrid?
–¡Es mucho más difícil lo de aquí! Los cincuenta años de Joglars han resultado apasionantes y divertidos, no tengo ningún recato en decir que ha sido una auténtica utopía para mí y para una parte importante de mis compañeros… La forma en la que hemos trabajado, la repercusión, lo que nos hemos divertido, los jaleos que hemos organizado… Los tres años aquí también han sido muy apasionantes, pero han supuesto un cambio radical en mi vida. Y todo es más complejo, además, cogido en un momento decreciente de todo lo que es público.

–¿Se había imaginado alguna vez trabajando en un organismo público?
–Bueno, yo en mi vida me había imaginado muchas cosas. Quise ser diplomático antes que hacer teatro… ¡Imagínate tú, yo como diplomático! ¡Habría organizado una guerra mundial! Pero nunca cerré mi vida del todo a cualquier otra posibilidad. Aunque es cierto que el mundo de la cultura pública no me apetecía desde fuera. Sobre todo porque como compañía privada había sido víctima de la falta de sensatez del mundo de la administración pública de cultura.

–¿Y ahora trata de inocularle sensatez?
–Exactamente. Estoy haciendo lo que yo creía que tenía que hacer un teatro público, que era quitar, de entrada, el gusto personal, a menos que coincida con el de los contribuyentes, y pensar en la gente que es quien paga estos teatros a través de sus impuestos.

–¿Por eso «El Nacional» se representa en el Teatro Nuevo Alcalá en vez de en los Teatros del Canal?  
–No, lo que pasa es que nosotros queríamos hacer una temporada comercial, y los Teatros del Canal no están, en principio, para hacer temporadas comerciales… Y claro, si empiezo dando mal ejemplo… Nos hubieran venido muy bien dos meses y medio aquí, pero yo no puedo tener una compañía ese tiempo, porque los teatros privados se podrían quejar de competencia desleal.

–¿Joglars no actuará más en Cataluña?
–Mis propias producciones seguramente que no, porque veo muy difícil que la situación tenga un cambio. Otra cosa es el día de mañana, cuando tenga otro director, porque algún día tendrán que sustituirme… Pero la empresa pasa a Madrid y pagará impuestos en Madrid, porque nosotros, por ejemplo, no podemos ni pedir una ayuda en Cataluña porque hacemos teatro en castellano. Es una sinrazón total que en el propio territorio español exista un lugar donde te pueden llamar la atención por hacer teatro en español. Es la denuncia de que hemos llegado al grado máximo.

–¿No será que los catalanes no quieren ser españoles ni cumplir nuestras leyes?
–Que los políticos induzcan a los ciudadanos a no cumplir las leyes es el caos. Y  es cierto que, en Cataluña,  hacen ver esas leyes como si fueran del adversario, que son los españoles. Siempre han utilizado la lengua  para marcar las diferencias… ¡Pero es que ya no hay más diferencias! Yo creo que mis ex conciudadanos están en un estado de delirio y han perdido el sentido de la realidad, porque ellos no dejarán de ser españoles ni aunque pongan aduanas en el Ebro. Es como si los españoles hubiéramos dejado de ser de cultura cristiana porque que en la Constitución ponga que somos aconfesionales…  ¡No nos podemos liberar de dos pedazos de historia por un Real Decreto!

–Pues la fiesta de los toros formaba parte de la historia de Cataluña y se la quitaron de encima en un pis pas…
–Yo creo que de esto se arrepentirán, porque tienen al lado un país que ellos consideran la máxima cultura, que es Francia,  donde cada día hay más afición, así que están haciendo un ridículo soberano.

–Volvamos a los cincuenta años de Joglars, que celebran con una obra de 1973.
–«El Nacional», sí. En el 73 también había una crisis muy importante. En aquel momento parecía una premonición, ahora se ha vuelto más que realidad, casi nos quedamos cortos… Pero la hemos elegido porque incluye el humor, la sátira, el gusto por la música, el juego a veces de «clowns», mucha poesía…, todo un conjunto de cosas que han tenido nuestras obras en estos cincuenta años.

–Todo eso y una crítica, precisamente, al teatro público…
–Fundamentalmente, al mundo operístico que en Europa se come el 60 por ciento del presupuesto de Cultura. Y yo señalo, en definitiva, que hay que replantearse el mundo escénico de una forma distinta, con imaginación, ingenio, austeridad

–¿Y sin subvenciones?
–Con subvenciones, pero en una proporción razonable. Una orquesta, por ejemplo, no puede funcionar sin ayuda pública, pero puede funcionar siendo también más rentable;  y hay que buscar la rentabilidad y no que, a media escena, porque lo mandan los sindicatos, se vayan a tomar el bocadillo.

–Buen momento para preguntarle si es usted de derechas o de izquierdas…
–Soy anarquista conservador. Soy muy conservador, pero muy asilvestrado. Cuando vino la transición coincidía más con la izquierda que con la derecha, que en aquel momento tenía una vinculación con el antiguo régimen. Posteriormente la he visto en mi propia generación en una posición enormemente sectaria. Entonces casi me han parecido más inofensivos los de la derecha que los de la izquierda.

–Si, como dicen, la izquierda está muerta, el sistema capitalista tampoco anda muy sano.
–No, porque también tiene sus enormes imperfecciones y porque tampoco ha sido un sistema capitalista del todo real o liberal. Incluso en países como los Estados Unidos ha habido intervenciones por parte del Estado. Yo creo que el sistema liberal sí puede funcionar bien. Soy partidario de lo siguiente: en la línea de salida todo el mundo en el mismo lugar…, y luego, como vulgarmente se dice, maricón el último. Que las personas puedan tener las mismas oportunidades es una de las grandes consecuciones de la sociedad, y cada día nos acercamos más, pero si hay un proteccionismo luego es un desastre, porque tiene que haber una selección. Sin selección natural no hay supervivencia de las razas.

–Tal como van las cosas, igual no sobrevive nadie…
–Yo creo que vendrá la hecatombe. El hombre puede tener una sociedad de bienestar, pero no en la forma en la que nos lo hemos planteado. O sea, el despilfarro, no sólo energético, el despilfarro humano, la cantidad de cosas inútiles que se han convertido en imprescindibles…, yo creo que todo eso tiene fecha de caducidad.

–O sea, que no saldremos de ésta.
–Ecológicamente pasarán cosas. Quizá somos demasiada gente. Igual viene un virus y se carga a media humanidad y las aguas vuelven a su lugar. Hay que entender que hay fuerzas superiores a las humanas. La propia naturaleza nos supera. ¿Por qué ahora hay un aumento importante de la homosexualidad? Es lógico, es un impulso importantísimo para dejar de procrear. Muchos pensarán que es porque hay más libertad, pero yo estoy convencido de que sirve para regular la procreación. Porque nosotros podemos pensar lo que queramos, pero somos pura química, una piececita de un cosmos que funciona con una matemática increíble.

Personal e intransferible
Está tan casado que, si de algo se arrepiente, es de no haber conocido a Dolors Caminal, su mujer, a los 16 en vez de a los 27 años, y si duerme sin ella necesita un somnífero. Tiene tres hijos –uno violoncelista, otro iluminador y otra veterinaria–. Come sano: las frutas de su huerto,  las hortalizas de los de los amigos…Todo cocinado sin sofisticación–aborrece la cocina de astronautas– por su Dolors. Le gusta la gente que toma riesgos y le dan miedo quienes no tienen enemigos y quieren quedar bien con todo el mundo. Se define como un tipo maligno pero con un enorme sentido de la caridad  –aunque no suele perdonar y es muy vengativo en la escena– y está encantado de ser Albert Boadella.

Back to Blog

Deja un comentario

Back to Blog