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Sin ropa y sin vergüenza

Hay que ver lo suelto que posa ya Nadal sin ropa. Si a alguien se le había pasado por la cabeza pensar que Rafa era un chico tímido y vergonzoso, que se vaya quitando la idea de la cabeza, con la misma facilidad con que él se despoja de su camiseta.

Y no es que lo haga con malos propósitos –o buenos, según se mire–.Todo lo contrario: lo único que pretende el tenista es dar lo mejor de sí mismo en cualquier foto. Si quien está a su lado es una de las modelos más sexys del mundo, como Bar Rafaeli, pues mejor que mejor… Pero a él ni se le despeina la melena mientras abraza a la chica, la achucha, ella le coloca las piernas sobre las suyas o incluso se quita la parte de arriba de su exiguo bikini y se tapa con las manos sus poderosas razones. Nadal, caballero, incluso contribuye abrazándola, con la raqueta en la mano, para que se insinúe todo, sí, pero no se vea nada.

Y así, entre sonrisitas y carantoñas, tenista y modelo, rozándose por exigencias del guión, acaban la sesión de fotos de «Sport Ilustrated», que tenía mucho interés  –deportivo, naturalmente– en mostrarles en traje de baño. Está muy bien. Todo. Hasta  que a Rafa cada vez le gusten más estas «torturas» publicitarias.

Si se es un campeón y, además, se está de campeonato, pues ya se sabe: lo que se han de comer los gusanos… Encantados de conocerse y tantearse se han quedado Bar y Rafa. Y los demás, todos nosotros, encantados de verlos a ambos, tan guapos, tan limpios, tan contentos… Y con tan poquita ropa.

La Razón

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