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El muslo de Ronaldo

¿Qué tendrá este chico, que mejor futbolista no puede ser, que mejor, digamos, «dotación corporal» no puede tener y que, sin embargo, no acaba de caer bien?

El otro día en el derbi entre Atlético y Real Madrid en el Vicente Calderón, los goles de Cristiano Ronaldo –tres, ni más ni menos– decidieron un partido en el que los rojiblancos se esforzaron y mucho en su campo. El Madrid «tenía» que ganar, y lo sabía, por aquello de mantener la distancia con el Barcelona, y de ahí que los goles de Ronaldo fueran tan enormemente celebrados. Pero, ¿tenía que ser tan ordinaria su celebración personal? ¿Qué es eso de andar enseñando el muslo a la afición rojiblanca como diciendo «mira lo que tengo para machacaros»? Indignados se quedaron los seguidores atléticos con la exhibición de chulería del jugador portugués.

«Son cosas del fútbol», dicen los incondicionales de Ronaldo. «Otros forman corazones con las manos, enseñan sus tatuajes a la afición, o se chupan el pulgar… En fin, que todos mandan mensajes». Y es cierto. Los mandan. Pero de recochineo, de, «te he metido un gol con este pedazo de pierna, mira, mira que te va a destrozar siempre…» Yo creo que no. Es innecesario y de mal ganador.
Borges decía aquello de «ante todo no seas obvio» y yo añado –sabiendo que añadir algo a cualquier palabra de Borges es una auténtica osadía–, que la obviedad es de muy mal gusto.

Y Cristiano Ronaldo tiene una capacidad incuestionable. Y un muslo espléndido… Pero de buen gusto, buenas formas y buen comportamiento sobre el terreno de juego, no anda nada sobrado, la verdad. Para qué nos vamos a engañar.

La Razón

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