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Pedrosa y la publicidad

Reconozco que los deportes de motor me cuestan. Sobre todo las motos. Tanta vuelta y tanto ruido me marean más que atraer mi atención. Sin embargo, como siento debilidad por las historias personales, no puedo dejar de seguir a Dani Pedrosa, que, para mí, como para tantos, sigue siendo el niño de Cola Cao.  Será porque soy madre o porque entiendo que para quienes practican deporte de élite las victorias y las derrotas son algo más que alegrías y tristezas, pero las lesiones de este chico, sencillo y cariñoso, me han dolido como si fueran de casa. Por eso después de darlo todo, como siempre, en estos días en Malasia, me cuesta ver que, pese a todo, otro joven y destacado piloto español, Jorge Lorenzo, no parece que vaya a dejarle espacio en su podio.

En esto de los deportes, más allá de lo que esté objetivamente bien o mal y de lo que hay que aplaudir por «puritita» admiración, están los sentimientos que provocan los deportistas. Y a mí Pedrosa es de los que me tienen agarrado el corazón. Como en la vida hay tanto espejismo, puede ser que la imagen de este chico y la realidad no tengan nada que ver, pero mientras no se demuestre lo contrario, del actual mundo de las motos, a mí me parece que Dani Pedrosa es quien mira más dulce. Que me perdonen los seguidores de Lorenzo, que claramente es un campeón con derecho y méritos para ganarlo todo, pero si yo pudiera tocar con una varita, sin duda apuntaría a Pedrosa y le colocaría en lo más alto, como tantas otras veces. ¡Hay que ver lo que hace la publicidad!

La Razón

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