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¿Por qué ahora?

Los que estamos fuera del ciclismo desconocíamos que Armstrong fuese un tipo egoista y obsesionado con el éxito a cualquier precio. Al parecer, nadie ponía en duda que se dopara… La cuestión es: ¿había alguien que no lo hiciera? Todos los grandes lo han hecho y lo más grave es que, en cierta manera, se vieron forzados a ello. Tengo un par de amigos enloquecidos por la bicicleta y hasta dispuestos a emular a esos superhombres. Aseguran que completar una ronda de tres semanas sólo está al alcance de unos pocos y que el desgaste es inhumano. Las pruebas son cada vez más duras y espectaculares para que las retransmisiones resulten más rentables. Pero si ya en tiempos de Armstrong el deporte, puro circo, se había convertido en un negocio que movía millones… ¿por qué se destapan ahora sus miserias? ¿quién sale beneficiado? El ciclismo no. Es posible que se trate de un ajuste de cuentas. Todos sus «cómplices» ahora le tratan como si fuera un apestado. Ellos se dopan con hipocresía. Otros, tal vez todos, con otras cosas… sólo se pilla a quienes se equivocan.

La Razón

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