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Las quejas de Cristiano

Y dale con las quejas de Cristiano. Ahora resulta que le duele que le consideren arrogante y que asegura –al menos así lo ha dicho en una entrevista para la CNN– que él es muy diferente a como se le ve en el campo… Lo sospechábamos, porque si no, a ver cómo le iba a aguantar ese pedazo de novia que tiene. Aunque, a juzgar por sus declaraciones, como a tantos otros deportistas, no le debe de gustar perder ni a las chapas y si le deja ganar a ella alguna vez es porque, textual, «hay que darle alguna oportunidad».
Cristiano no niega su competitividad, porque ya sería el colmo, pero se desprende de un plumazo de su visible arrogancia, afirmando que quienes se sentaran a platicar con él verían que no existe. Yo el beneficio de la duda se lo concedo, pero lo cierto es que, tal vez por ser uno de los mejores jugadores del mundo (el mejor diría él, casi seguro), se le ve más que sobrado y no sólo en el campo.
Ya conté en este mismo espacio que yo tuve, no la suerte, sino la desgracia de coincidir con CR7 en una fiesta en la embajada francesa, en la que el protagonista no era él sino su Irina, y no es que estuviera sólo arrogante, sino que se pasó la noche arreando codazos. Que eso no quita para que juegue como los ángeles ni para que esté estupendísimo de la muerte, que tampoco lo vamos a negar…, pero a mí, qué quieren, esas actitudes en el campo y en las embajadas, me quitan las ganas de «platicar» o conocer a quien las distribuye como si fueran cromos.

La Razón

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