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El dedo de «Mou»

La historia del derbi era la crónica de una victoria blanca anunciada. Pese a que los anhelos de los rojiblancos, ajenos a las estadísticas y probabilidades, llegaron intactos, al final la realidad les estampó ese 2-0 en la cara, que ratificaba que casi hubiera sido un milagro que los atléticos lograsen un triunfo, catorce años después, máxime cuando desde que Mourinho aterrizó en el Madrid no les ha dejado apuntarse ningún derbi. El luso, además, es especialista en este tipo de partidos. No hay más que mirar su currículo para comprobar que no ha perdido ni uno en los diferentes equipos en los que ha estado desde septiembre de 2008.
Pero eso no fue óbice para que la tensión habitual de los derbis calentara las gradas. Sobre todo porque el encuentro se iniciaba rodeado de expectativas, que poco o nada tenían que ver con el partido. La primera, ¿qué pasaría cuando «Mou» saliera media hora antes a recibir las «pitadas»? Pues que recibió vítores. Y la segunda: ¿cómo recibiría la afición madridista a los rojiblancos? Pues a los futbolistas bien, pero a su entrenador, parte de ella, con muy mal gusto y cantándole una cancioncita en referencia a ese cuento sobre la supuesta relación de su mujer con Caminero, que decía así: «Ole, ole, ole, cornudo Simeone». Mourinho, que a veces derrocha una chulería tan innecesaria como insoportable, en esta ocasión blandió una autoridad irrebatible y sacó su dedo índice, hizo el gesto del no, no, no, y acalló en pocos minutos la canción.  Hay dedos y dedos, pero en ese caso el dedo de «Mou» pareció casi, casi el dedo de Dios.

La Razón

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