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La entrevista al Rey

¿Qué nos pasa a los periodistas en los últimos tiempos? Está bien que se tenga respeto e incluso que se sea cauto, pero antes que la precaución e incluso que la consideración, está la obligación de un ejercicio  de objetividad e información, sin el cual el periodismo deja de serlo. Servidora que ha tenido la suerte de trabajar en medios diversos, de muy distintas ideologías, es consciente de que en todas partes cuecen habas y de que en cualquier medio se puede recibir una llamada al orden ,pero una cosa es saber dónde están los límites editoriales y otra ponerse la camiseta de su ideología correspondiente, máxime cuando la mayoría de las veces ni siquiera se demanda.  Hace años, aunque se supiera que un profesional de la información tiraba más hacia aquí o hacia allá, no se sabía “literalmente” cual iba a ser su opinión sobre cualquier asunto… Ahora se dice un tema y un nombre y casi siempre se acierta la posición. Yo creo que esto no le hace bien a nadie, pero menos que a nadie a los políticos, que ya no tienen que prepararse y crecerse en las entrevistas con esos periodistas que se convierten en portavoces de “sus” partidos correspondientes y por tanto se sabe qué y cómo preguntarán.  Entrevistar no es acorralar, pero sí exige un juego dialéctico e intentar colocar todas las cuestiones de actualidad, por incómodas que sean.  No se trata de agredir al entrevistado ni de pretender quedar por encima de él, pero hay que preguntar lo que hay que preguntar. Sobre todo porque es la única manera de que el entrevistado responda, cuente su verdad, se defienda o ataque y explique el por qué de los asuntos que protagoniza. Tal vez si al Rey le hubieran dejado hablar sobre Urdangarín y sobre los elefantes, la entrevista que le hizo Hermida hubiese sido una entrevista. No lo fue. Una charla, sí. Con el interés de tener a un rey y a un televisivo de toda la vida juntos…, pero nada más. Y digo “si le hubiesen dejado hablar”, porque me temo que no fue él quien decidió; igual que tampoco creo que fuera Hermida quien consideró oportuno todo aquello sobre lo que no debía preguntar.  Para mí fue una pena. Una oportunidad perdida de que el Rey, muy querido por muchos aunque la Monarquía ande en horas bajas, le contase a sus súbditos todo aquello que tienen ganas de saber y, por lo que se ve, nadie se atreve a preguntarle, por mas que Su Majestad, posiblemente, estaría encantado de contestar.

La Gaceta de Salamanca

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