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Los espías

No hay adolescente que no haya soñado alguna vez con convertirse en un espía y vivir mil y una aventuras para salvar a su país de los enemigos en la sombra. Es curioso lo bien visto que están los agentes secretos, siempre que no se les descubra, y lo feo que resulta comprobar que un Estado de Derecho es capaz de atentar contra la privacidad de las personas cuando le da la gana. O lo que es lo mismo ¿a alguien le extraña contrastar que los EEUU espían a los líderes europeos? Igual lo que se nos hace raro es pensar que el asunto no funciona en sentido contrario. Las sociedades enteras están llenas de espías que, de alguna manera, pretender preservar la seguridad de las cosas. Los espías empresariales persiguen que no se les adelanten las marcas y, a su vez, que no les roben las ideas; los matrimoniales, tratan de salvaguardar el honor, al menos, de uno de los cónyuges, y los espías políticos intentan mejorar el mundo a costa de cualquier impunidad. Y esos son solo unos pocos: El Ministerio de Hacienda nos espía a todos, para saber si cometemos irregularidades y hasta el mismísimo Google revisa nuestros perfiles para, dependiendo de nuestras características personales, enviarnos una información u otra. El mundo es un completo Gran Hermano y el ojo que todo lo ve que, se anticipara en “1984 “George Orwell, hoy es una completa realidad. Sin embargo, aún la sociedad no está preparada para aceptarlo. Lo sabemos, sí…, pero no nos lo creemos del todo. Es cierto que nosotros estamos fichados y “espiados” a través de todas nuestras coordenadas: carnet de conducir, DNI, declaración de la renta, documentación bancaria… Pero eso no significa que vayamos a aceptar que vivamos espiados y que no nos echemos las manos a la cabeza cuando de Gobierno a Gobierno se interceptan una trama de espionaje que unos políticos ponen, los siguientes quitan y algunos otros vuelven a colocar. El hombre ha espiado siempre al hombre, desde la ventana indiscreta o desde el despacho oval; eso no es óbice, para que si se pilla al espía, se vuelva a hablar de confianzas mermadas… Pero ¿hasta dónde y sobre todo a quién hay que permitir o no espiar? Asentados como estamos en esta sociedad hipócrita, nada como reconocer que queremos que se espíe, si es necesario, pero que no se entere nadie, ni nosotros mismo, en el caso de que nos corresponda ser los espiados.

La Gaceta de Salamanca

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