Hoy que andamos todos ultimando detalles para tratar de que la cena en familia resulte perfecta y no como siempre, como dicen algunos, aparecen los fantasmas de la Navidad, dispuestos a sacar lo peor de nosotros mismos y a no dejarnos disfrutar de los que más queremos. Las rencillas guardadas en bolsas de celofán durante todo el año, parecen estar deseando hacer su aparición estelar en cuanto se cantan los villancicos. Pero hay que atajarlas con severidad. Entre las recomendaciones formales están las de los famosos “don’t” británicos, que implican no hablar ni de sexo, ni de religión, ni de política. Eso se supone que es absolutamente protocolario en las mesas diplomáticas, pero que tampoco anda de más en las familiares. Lo cierto es que en esas, además, cabe señalar otro tema más o menos conflictivo, que es el fútbol y otro que últimamente es el más escabroso de todos: el dinero. Hay quien dice, “Pero, ¿qué otros temas quedan?” Pues quedan los hijos, aunque cuidadito con como hablamos de los que no son los nuestros, el trabajo, que últimamente no anda como para que nos demos palmaditas en la espalda y las vacaciones, que si no son las nuestras suelen aburrirnos soberanamente. ¿No hay posibilidad entonces de encontrar el camino para pasarlo bien sin atacar ni sentirnos atacados? Lo cierto es que ese es el camino del amor, aunque suene cursi. Cuando uno se quiere de verdad, se puede decir casi cualquier cosa y perdonar la contraria. Y donde más valiosos y sinceros afectos podemos hallar, inalterables por mucho que cambien los tiempos y los vientos, es, sin duda en la familia. Aunque a veces nos parezca que algunos de sus miembros no tienen nada que ver con nosotros o aunque sea con ella con quien surgen las discusiones más absurdas. Pese a las miserias cercanas, que también existen, de quistes de envidia, breves ataques de incomprensión o pinceladas de soberbia, lo cierto es que no hay mejor escenario que el que se comparte con la familia. “Te quiero a pesar de tus defectos y mis reproches”, decía Wilde. Y así quiere la familia. Sin perfección, pero con toda el alma. Y fuera de la familia, no hay muchos amores así. Algunos piensan que ninguno. Así que aprovechemos las fiestas y la cercanía, liberémonos de enfados y rencores y disfrutemos plenamente esta noche. Feliz Navidad.
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