Lo cantaría María Jiménez y lo cuento yo en estas líneas. Se acabó. Se terminaron los simulacros de sonrisas y de palabras dulces. A partir de ahora, la realidad vuelve a ocupar su lugar en las familias y en la vida. Ese parón navideño, que a algunos les sirve para hacer borrón y cuenta nueva y a otros para enfadarse con la sangre y con el mundo entero para siempre jamás, supone un espacio en el que el tiempo se detiene y las cosas no suceden. A partir de ahora, enero llega con su cuesta, el trabajo con sus sinsabores, y el no trabajo con sus angustias. Se acabo el cuento y empieza la realidad. Dicen algunos, que tienen el síndrome de año nuevo, que no hay nada de lo que preocuparse y que el 14 será mejor que el 13 y que lo que hay que hacer es comenzarlo con entusiasmo. Pero sin querer ser agorera ni matar las esperanzas, me atrevo a decir que eso de que estamos ya en “el inicio del fin de la crisis” es, todo lo más, un discurso político, que trata de justificar tantos meses de recortes, de subidas de impuestos, de asfixia social y de retroceso en las mentalidades de los legisladores. La bajada, hace pocos meses de la vivienda nueva, el increíble número de parados, por mucho que haya descendido en los últimos meses, y las escasas perspectivas de nuevo negocio en nuestro país hacen pensar que lo que nos espera no es un horizonte en colores, sino un nuevo capítulo de teleserie en blanco y negro. Si han cogido ustedes aire en estos días irreales, donde las fiestas navideñas (dicho sea con perdón de los que creen que hay que obviar la Navidad y hablar solo, a mi parecer, absurdamente, de festejos) nos trasladan a un paraíso de espejismos emocionales y de anhelos para los tiempos que han de venir, aprovéchenlo sin dudar, porque les tiene que durar todo este enero de pagar los excesos en el bolsillo y en la carne y el año completo que, pese a las promesas, se avecina más duro de lo que nos lo pintan. ¿Pesimista? Puede ser. Pero ya saben que los optimistas son pesimistas mal informados. Y en estos momentos en los que la bonanza no es , todavía, más que mero recuerdo, conviene partir del no, para alcanzar el sí. O sea que “se acabo”, pero, ya saben, todo lo que se termina deja paso a lo nuevo, o lo que es lo mismo: a que se vuelva a empezar. Feliz 2014.
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