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“El riesgo de obesidad no está relacionado con una mayor ingesta de grasas en los dos primeros años de vida”

Doctor José Manuel Moreno. Coordinador del Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría (AEP)

– ¿Existe asociación evidente entre la ingesta de lípidos en los primeros 6-24 meses y el posterior nivel de la adiposidad?
– Aunque pueda resultar paradójico, el riesgo de obesidad no está relacionado con una mayor ingesta de grasas en los dos primeros años de vida; incluso algún estudio realizado en Francia muestra la asociación contraria (bajo consumo de grasa por debajo de los dos años y mayor riesgo de obesidad). Indudablemente no se trata sólo del consumo de grasa total sino también del tipo de grasa, cuestión menos estudiada. Consideramos que la leche es un alimento imprescindible en los dos primeros años de vida –las recomendaciones de la OMS van en esa línea con respecto a la promoción de la lactancia Materna- y la leche contiene alrededor de un 45% de su contenido como grasa. La recomendación de la Asociación Española de Pediatría (a través de su Comité de Nutrición), en línea con otras muchas sociedades científicas, recomienda que por debajo de los dos años de edad se emplee leche entera cuando no se pueda usar leche materna o no se use una fórmula de continuación.

– ¿ El calendario actual de reintroducción de alimentos sólidos en la dieta infantil debería revisarse para disminuir la cantidad de proteínas y aumentar los lípidos (grasas buenas) en una dieta energética normal?
– Es casi consecuencia lógica de lo anterior. No hay datos que relacionen de forma fiable un mayor consumo energético en esos dos primeros años y el riesgo de obesidad, y para las grasas –como ya hemos comentado- la recomendación es no restringir su aporte. Por el contrario. se ha observado que dietas con mayor contenido proteico en ese periodo (de los 6 a los 24 meses) se asocia a un riesgo más elevado de obesidad en la infancia (al menos hasta los 7 años y probablemente después). Esta observación es fruto del trabajo de varios proyectos europeos (European Childhood Obesity Trial Study Group y otros). También la introducción temprana de alimentos distintos de la leche en la dieta del bebé (y, por tanto, mayor carga proteica) se asocian a un índice de masa corporal superior años más tarde. Como consecuencia de estas ideas, los mensajes que los pediatras damos a los papás serían los siguientes: promoción de la lactancia materna, de forma exclusiva hasta el 6 mes y en combinación con una alimentación complementaria adecuada hasta los dos años, uso de fórmulas infantiles de menor contenido proteico (la industria de la alimentación infantil ha trabajado y trabaja intensamente en esta línea), promover la introducción a su tiempo de la alimentación complementaria (nunca antes de los 4 meses y lo más cercano posible a los seis), animar a la incorporación a la mesa familiar tan pronto como el niño sea capaz de alimentarse por sí solo –esto disminuye la cantidad de alimentos y, por tanto, de proteínas) y uso de una dieta variada rica en cereales, verduras, frutas y hortalizas cuando se alcanza esa edad.
Quizá la recomendación no sea tanto aumentar el aporte de grasa como mantenerlo y ese consumo que contenga grasas “buenas”: oleico, equilibrio entre omega 6 –grasas de los productos cárnicos- y omega 3 –los aceites de los pescados-, formas de cocinar que empleen juiciosamente las grasas, etc.

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