Soy poco rencorosa y aunque me duelen las maldades que recibo de otros, sobre todo si hay premeditación, trato de olvidar siempre que puedo, y si no, de perdonar, que proporciona mucha paz. Lo de perdonar, lo consigo, digamos, casi siempre; lo de olvidar no y, a veces, hay afrentas que me ponen la carne a la temperatura de un caldo de pollo. Con todo, jamás, ni cuando he tenido oportunidad de servirla fría, que es como dicen que mejor sabe, he optado por la venganza. No la entiendo. Ni la respeto. Y menos, claro, cuando vuelve locos a quienes la practican. Tal vez de ahí mi impotencia para comprender a María Montserrat González, a su hija Montserrat Triana e incluso a su amiga, la policía Raquel Gago, que también ha resultado implicada en el asesinato de la presidenta de la Diputación de León, Isabel Carrasco. Dejo para los chascarrillo las bondades o maldades de la víctima y me ocupo solo de las mentes que se ponen a idear un asesinato, tras un despido. Se que todo lo que implica ruptura, carencia o pérdida, conlleva dolor y en muchas ocasiones, casi en todas, ira, rabia y desazón…, pero ¿también lleva a tres mujeres normales y cuerdas a jugarse su propia vida, aunque sea en el sentido figurado, matando a otra persona? No se qué pinta la policía en el asunto y, hasta el momento, lo único que se sabe de este particular es que el arma homicida era suya; pero tampoco se, por más que se haya contrastado que la artífice de los disparos fue Montserrat madre, de quién fue la idea, quien incitó a quién, quién echo la leña al fuego para que todo ardiera. Se que vivimos días duros, en los que perder el trabajo es perder mucho más que la ocupación y el salario con el que poder pagarse la vida; pero no puedo entender que el motivo de una venganza tan severa, el mismo que dejará marcadas para siempre a las responsables del crimen y que hará que sus vidas, jamás puedan ser lo que fueron, pueda ser un despido. Si yo tuviera que escribir una novela en torno a este argumento, me pondría a inventar, rápidamente, diversas causas paralelas. Y creo que las habrá, porque no es posible que alguien pierda la razón de ese modo y se vengue así, tan estúpidamente y con las consecuencias sabidas de antemano. No se, si a estas horas, alguna de las tres mujeres implicadas en esta historia tan tenebrosa como idiota estarán arrepentidas. Lo que sí se es que la muerta no revivirá y las asesinas, pase lo que pase llevarán ese asesinato, si no sobre su conciencia, al menos si sobre su currículum.
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