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Sin enemigos

Dice un viejo refrán que “un hombre se mide por el tamaño de sus enemigos”, pero está claro que siempre hay una “excepción que confirma la regla” y si alguien protagoniza la excepción del primer dicho es, sin duda, Rafael Nadal. Rafa es un hombre querido por todos, aplaudido por todos y respetado por todos. Sus adversarios lo son, pero jamás enemigos y no hay nadie que diga una palabra o escriba una línea en su contra, porque jamás encuentra motivos.
Nadal aterriza en mi columna hoy, no por haber ganado su trofeo número “tropecientos mil”, ni por estar en las listas de la Caja Mágica en estos días de tenis de la capital (ya desde el año pasado, por suerte, con pistas rojas y no azules), sino por haber sido declarado Hijo Adoptivo de Madrid. Como saben, el campeón es mallorquín, de Manacor, concretamente; pero podría ser hijo adoptivo de cualquier lugar de España, Salamanca incluida, claro. Y podría serlo porque es un hombre sin tacha, al que todo el mundo admira y recibe con agrado. La alcaldesa de Madrid le ha colocado la medalla diciendo que es “una persona ejemplar” y él ha respondido al halago, diciendo algo tan importante como que “nosotros debemos dar ejemplo, porque somos la referencia de muchos y más de los niños. Disciplina, trabajo y dedicación son mis máximas en el deporte y en la vida. Tenemos que ser ejemplares en todo”. Esa ejemplaridad que ha aplaudido Ana Botella y que ha defendido Rafael Nadal es la que le convierte, a los ojos de todos los españoles, en el símbolo de la limpieza; por eso hay quien dice que, o bien los políticos deberían cederle sus puestos a los deportistas, que parecen tener más cualidades que ellos a la hora de resultar ejemplarizantes, o que no estaría de más que, al menos, los deportistas organizaran cursos para los políticos, en los que, estos últimos aprendieran todas esas cosas que ha señalado Rafa en su discurso y, de paso, también un poquito de deportividad y de fair play. Si lo hicieran en un curso y con exámenes, igual se preocupaban de aprender bien la lección para poder aprobarla y no regalarnos tantos espectáculos bochornosos como los que se han estado viviendo a diario en el Congreso, donde, a juzgar por los enemigos de unos y otros, todos deben ser grandes hombre y mujeres… Yo me quedo con Rafa, que no los tiene.

La Gaceta de Salamanca

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