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ADIÓS, RATO

 

Dice el refrán que “cada uno cuenta la feria según le va en ella” y yo les voy a contar la mía. Hace unos cuantos años, muchos la verdad   escribí un libro titulado “Los elegidos de la fortuna”. El volumen en cuestión constaba de una primera parte en la que se ofrecía un ensayo sobre la figura del empresario desde la Edad Media hasta nuestros días (con mucho “apoyo” de Wernert Sombart, por cierto) y una segunda parte con entrevista a empresarios destacados de nuestro país. Iba a ser para el País-Aguilar que me había encargado un libro sobre ricos, que yo cambié por uno de empresarios –los ricos por ricos no me interesan nada, pero las historias de empresarios triunfadores me fascinan-. Lo terminé después del esfuerzo correspondiente que implica la investigación, la escritura y la consecución de unas entrevistas a quienes, habitualmente, no quieren ser, de ninguna manera entrevistados.  Una vez acabado, solo me quedaba el prólogo. Por entonces, el ministro de Economía era Rodrigo Rato. Y no solo era uno de los políticos más valorados del momento, si no que a él le adjudicaban los grandes logros financieros que estaban convirtiendo a España en la isla de Utopía. (De aquellos polvos, ya lo saben, los correspondientes lodos.) Yo no le conocía de nada, ni había hablado nunca con él, pero me atreví a mandarle mi libro y a pedirle que, si le gustaba y le parecía oportuno, me escribiera el prólogo. A la semana lo recibí. Sorprendida, agradecida y orgullosa, me lo llevé a El País-Aguilar, donde me dijeron que de prólogo de Rato, nada, a lo que yo contesté que sin ese prólogo regalado no publicaba el libro. Ellos me liberaron del compromiso y yo me fui a mi casa compuesta y sin editor. Me hubiera comido el libro con patatas,de no ser porque conseguí presentarlo en Planeta, donde me lo publicaron, casi año y pico después, a modo de comienzo de una bonita amistad editorial. Entonces  -como ahora-, aplaudí que una editorial se mantuviera al margen de la política (de la que yo igualmente estaba al margen). Hoy, cuando el mismo prólogo que tanto agradecí y que tanta satisfacción me produjo en su día me provoca un inevitable rechazo,  aplaudiría que en el PP se mantuvieran al margen de las amistades y con las mismas manos firmes que aplaudieron a un ministro que parecía merecerlo, hoy le digan, sin dudarlo, eso de:  Adiós, Rato

 

La Gaceta de Salamanca

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