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LA NIÑA DE LUCENA

Córdoba y más concretamente Lucena, se ha convertido en el escenario de un pavoroso relato de terror.  Es la historia de una niña “chica”, como dicen los andaluces, a la que su padre podría haber agredido sexualmente hasta el punto de provocarla una hemorragia vaginal casi incontenible. En los hechos -que no suposiciones- una madre que lleva a su hija al hospital, contando que la niña se ha hecho daño en sus partes con la bici. Casi un chiste. Sin gracia. Menos aún que el hombre que, según ella, pudo hacerla mentir y declarar otro paradero, su marido, tuviera antecedentes de agresiones sexuales. La propia hermana del supuesto agresor confiesa dos, a los 8 y a los 15, que la llevaron al hospital. Y la prima otro tanto de lo mismo. El pederasta fue condenado a 24 años de prisión, de los que solo cumplió 12. Lleva 7 en libertad. La niña abusada tiene 6 y el resto de los hermanitos (todos menores de 8 años) no paran de decir que “papá es bueno.” Que “él no ha hecho nada” Pero papá, no parece bueno en absoluto. Y lo que es peor, mamá tampoco lo parece. Su declaración se convierte en puro meandro mientras cambia de recorrido. Al principio asegura que ese padre que ella misma le dice a su hija mientras tratan de contenerla la hemorragia que “es bueno”. Y que “en cuanto te pongas bien te va a comprar una bicicleta nueva” no estaba en la casa cuando sucedieron los hechos. Luego, cuando ve que las cosas se complican dice que su marido la llamó para que acudiera a donde se encontraba su hija, desnuda de cintura para abajo, sangrando…Y que le contó lo de la bicicleta. Como colofón, la madre desvela que su marido la ha agredido sexualmente y la ha llegado a vejar delante de los niños. Los mismos que siguen diciendo “papá es bueno”. Lo peor de todo, suponer que ni la madre, por miedo, por complicidad o por cualquier otra circunstancia, fuera cómplice de las fechorías de su marido. Y que esa niña de seis años, como el resto de sus hermanos, se encuentren tan solos en esa casa en la que también vive un “ogro” malvado, del que nadie, ni su mamá, les protegería en el caso de que quisiera “comérselos”… Los casos de abusos a menores suelen estar relacionados casi siempre con el entorno cercano. El mismo en el que los niños deberían encontrar su desesperación. Pero es que hay padres que no deberían serlo. Y personas que no lo son y que ojalá no hubieran nacido.

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