FERNANDO MARIAS, escritor
No resulta fácil viajar al interior de uno mismo tras una pérdida. Ese momento en el que todo se remueve y resulta incierto. Tal vez lo único real entonces, el motor para seguir hacia delante, son los recuerdos. Con los suyos, guiado por su padre muerto y dejándose llevar por esas emociones a veces tapiadas por las circunstancias de la vida, Fernando Marías ha construido “La isla del padre” una novela autobiográfica en la que caben, además de los hechos, las ilusiones, las heroicidades cotidianas, la literatura y el cine que formaron su personalidad, los miedos y hasta las bajezas. Un viaje del escritor en el que los lectores se reconocen al compartir esa isla, que también les parece suya. “Como mi padre era marino –cuenta Marías- yo siempre pensé que su isla era de alguna manera nuestra casa, el hogar al que él volvía tras largos meses de navegar. Aunque también pensaba que cuando los marinos estaban en alta mar y había tormenta las islas eran como gasolineras donde ellos paraban a tomar un café…Como un lugar donde estar a salvo en medio del mar…Pero además hay una metáfora respecto a la isla, porque el padre de cualquiera de nosotros alude a ese lugar idílico maravilloso, probablemente inexistente, donde podemos hallar la serenidad definitiva, la felicidad definitiva y refugiarnos para la eternidad.” Puede ser que Fernando y su padre estuvieran alguna vez en islas separadas, en espacios en los que es difícil mirarse a los ojos y contarse las emociones, decirse te quiero. Esas dos palabras que a veces, tras las pérdidas, uno se queda con la sensación de que no ha dicho lo suficiente: “Yo me he quedado sobre todo con la sensación de que cuando uno cree que debe decirlo debe hacerlo. Seguramente sí hay ocasiones en el pasado en las que debía haber sido más generoso con esas dos palabras tan sencillas de pronunciar y que no se por qué no pronunciamos más. Pero en todo caso, creo que todos los libros que escribimos son aprendizajes pequeños o grandes y pueden servir a otros, pero también en una medida importante nos sirven a nosotros. Y el aprendizaje de este libro ha sido que a partir de ahora seré más generoso con los te quiero merecidos que deba decir.” Me pregunto cuándo sucede eso que provoca al escritor a desnudarse, a contar intimidades en una novela, a mostrar lo mejor y hasta lo peor de si, en cada emocionado renglón. “Yo creo que fue el momento exacto de mi padre a punto de morir agarrándome las manos con fuerza. Ahí es cuando le dije te quiero y otras cosas. No se lo había dicho nunca. Lo dábamos por supuesto. Los de Bilbao lo damos por supuesto. Mi padre ya sabe que le quiero, para qué se lo voy a decir…Y ahí se lo dije y también que iba a escribir este libro sobre él y que me gustaría que estuviera conmigo mientras lo escribía. Él, que ya entonces miraba al techo con la mirada extraviada, esa especie de velo amarillo que se le pone a las personas que están cerca de la muerte, se giró, me miró, me apretó las manos todavía con más fuerza y trató de decirme algo que no logró pronunciar… Una palabra, una frase que nunca supe que era. Pero este libro, de alguna forma, trata de buscar esa frase que él pudo querer decirme. Ese fue el momento en el que tomé la decisión de contar la verdad sobre mí y de ser totalmente impúdico. La verdad necesita ser verdad y ser impúdica. Hay que contar los sentimiento, pero también las oscuridades.”. Quizás pensado en esa impudicia, la madre del escritor, de 93 años, tenía un cierto temor a leerlo, a enfrentarse a él, a que su lucidez, pese a su avanzada edad, encontrara descrito en aquellas líneas, algo que no quería conocer… Sin embargo, al final lo leyó y se quedó feliz. Le pregunto a Fernando qué le dijo del libro. “Lo que le dicen las madres a sus hijos aunque no sean de Bilbao –dice sonriendo Marías- Es una pena que los críticos no tengan un sentimiento más maternal a veces ¿no?” Le digo que no se queje, porque los críticos en esta ocasión han aplaudido su novela al unísono. “En esta ocasión sí, pero cuando no son tan maternales echas en falta ese apoyo de las madres que te dicen que cada página tuya es una gloria… En este caso estoy contento , porque la respuesta está siento buena. A la gente le gusta, le emociona y percibe esos lazos universales .Y me sorprende en parte, porque es verdad que es el libro en el que yo menos he pensado en el lector de todos los que he escrito. Era un libro para que hablara mi padre y para mí….Pero veo que mucha gente se reconoce en muchos aspectos e incluso me ha dicho Más que tu biografía parece la mía…” Quizás en todas las biografías haya miedo; pero no se si en todas cabra el Miedo Mutuo del que habla Fernando en esta novela, es miedo que nace del desconocimiento. El niño que ve a su padre, marino pasados muchos años y que siente que invade su territorio, esa casa en el que él es el protagonista el centro del universo de su madre y de su abuela “Era la sensación de pensar que venía alguien que me iba a quitar mi sitio. Cuando lo vi aparecer pregunte que quién era. Cuando me dijeron que papa dije “¿ y se va a quedar? Supongo que él esperaba otro recibimiento…” Reconocer el miedo, sentir al padre como héroe, ir al cine con él, leer y leer, ver películas, formarse la personalidad y contarlo página a página en un homenaje a ese hombre tan querido que ya no está…
PERSONAL E INTRANSFERIBLE
Fernando Marías nació en Bilbao en 1958. Está soltero, no tiene hijos y se siente orgulloso “de lo que estoy aprendiendo de las cosas que hice en el pasado, de los libros que he escrito y de que estoy logrando acercarme a ser una persona serena” Se arrepiente de una época de su vida en que fue “demasiado salvaje. No por el peligro que eso entrañaba para mí, porque eso en definitiva es una decisión que toma cada uno, sino porque ese peligro podía haber tocado a otros” Perdona pero, no olvida: “perdono sin olvidar”. A una isla desierta se llevaría “a una persona que quisiera estar conmigo”. No es nada maniático y no tiene vicios ni sueños que se le repitan. “Lo de los sueños yo creo que es porque como tengo psicoanalista y se los cuento pues se asustan y no se repiten no vaya a ser que ese señor los analice”. De mayor le gustaría ser director de cine, “pero puestos a pedir, director de cine de la época dorada de Hollywood de los años 20” Y si volviera a nacer le gustaría ser “cantante. Y actuar en grandes estadios…
La Razón
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