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La perfección es enemiga de lo bueno

Más allá de todas las pruebas de embarazo respecto a posibles enfermedades en el feto, incluso en el horizonte de las conciencias que determinan hasta donde sí o no hay que atender a una malformación, para decidir sobre una vida por vivir ,está el respeto a los vivos, con sus virtudes, sus defectos, sus capacidades, sus incapacidades o sus anomalías. Robar la foto de una niña con síndrome de Down para publicitar un test de embarazo con el que conocer el estado del no nato, sea para hacerse a la idea y saber como reaccionar o para rechazar tal embarazo es no solo una vergüenza, sino, además, una inmoralidad. Habría que preguntarles a los que lo han hecho sin pensar en la niña, en su familia o en sus circunstancias, qué les parecería que les robasen a ellos la foto de una hija suya, por ejemplo fea, o tal vez gordita y pusieran la misma leyenda al lado del producto que quieren vender. Decía Shakespeare que la perfección es enemiga de lo bueno, y no hay más que leer a Boris Vian en “Que se mueran los feos”, para comprender que cuando todos seamos guapos e iguales, es posible que los más valorados sean los diferentes. No quiero decir con esto que el hecho de tener un hijo con un síndrome u otro sea mejor que tenerlo sin él; pero sí que cuando está en este mundo es imposible no quererlo tanto como a otro que no lo tenga o incluso más, porque necesita una mayor protección. ¿Acaso hay alguien que crea que puede señalar al hijo del vecino, sea como sea, y decirle al mundo que sería mejor que ese hijo no estuviera?

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