Manuela Carmena, la alcaldesa de Madrid, es una mujer encantadora. Lo es. Y no creo que nadie lo dude. Como tampoco creo que nadie piense que tiene malas intenciones. Sucede, sin embargo que hay pecados de obra y pecados de omisión. Y parece que ella no comete de los primeros pero anda cogiéndole el gusto a los segundos. A cuento de la obrita de teatro programada en los festejos del Carnaval de Madrid“violenta y deleznable” según las propias palabras de la edil, además de “inaceptable e inadecuada para los niños”, se ha vuelto a liar parda. No es que yo piense que la violencia o lo que sea no pueda caber en una obra de teatro… , pero hombre, si es en un espacio público, ante la mirada de los niños, digo yo que los responsables han de tirar del sentido común y escoger algo más adecuado en lugar de decir “forma parte del derecho a la libertad de expresión”. Mi sensación particular es que la concejala Celia Meyer, o quien sea que haya elegido la obra buscaba la provocación. Y haya sido o así, o no, visto el malestar que ha desatado, lo suyo es que alguien se responsabilice. Celia Meyer, ya dijo el otro día, tras la delirante retirada de la placa de los carmelitas asesinados en 1936 en el cementerio de Carabanchel, que “errare humanum est” (ella dijo más bien que quien tiene boca se equivoca). Y es cierto. Todos nos equivocamos. Pero digo yo que los políticos deberían reflexionar un poquito antes de meter la gamba hasta el fondo. Lo de actuar impulsivamente está muy bien, cuando uno juega en solitario pero no cuando lo hace en representación de una colectividad. Lo que verdaderamente me parece injusto es que quienes deban pagar en esta historia sean solo los titiriteros. Verán, si yo mañana llevo una obra a un colegio en la que ocurren todo tipo de secuencias de dos rombos –y perdónenme la antigüedad- supongo que el director del centro me dirá algo así como “dónde vas”. Si no me dice nada, entenderé que está de acuerdo con ella, que le parece adecuada y hasta conveniente… , y será a él, a quien tengan que pedir explicaciones los padres de los niños por su falta de criterio ¿no? Pues en este caso lo mismo. Desde luego si los titiriteros querían enaltecer el terrorismo, pues que se enteren de que eso no se puede hacer y que se les castigue… Pero parece raro que no se lo hubieran advertido ya en el Ayuntamiento al ver la obra ¿no? ¿Acaso no lo sabían? Pues entonces que Carmena los mande a formarse antes de dedicarse a la política. Y si lo sabían que les haga entonar el mea culpa y que tome medidas, que ya esta bien de pecar por omisión…
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