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Buceando en las redes

Estamos en agosto y además de ponerme las gafas plásticas para lanzarme a ver los pececitos de colores en el mar –es lo que tiene la transparencia de las aguas baleares-, ando con otro tipo de lentes para no perderme el desquicie de las redes. Si, verán, porque entre los instagrames adolescentes y narcisistas  -así ha calificado una seguidora el mío y me he quedado muerta, no por lo segundo, el que este libre de pecado que tire la primera piedra, sino por lo primero-, y las batallas campales en twitter, una anda tan atareada que casi no tiene tiempo ni para las sardinas del chiringuito. Hace unos días, por ejemplo, el gran Javier Cercas va y publica en El País Semanal un artículo titulado Feminismo Salvaje y se lía. Las mismas líneas que yo entiendo como una defensa de los derechos de las mujeres, un reconocimiento de la opresión de todos los tiempos, regado de fina ironía y humor, casi un cortafuegos contra el exceso hembrista que no cabe en el feminismo real (¿de verdad alguien cree que Cercas recomienda cortar rabos y demás con seriedad?) veo tirarse piedras a mujeres de ideologías distintas, unas enfadadas porque Cercas se ha pasado para congraciarse con las radicales y otras porque creen que se ha quedado corto y ha hecho un discurso humorístico.  En fin. Y una en medio , pensando que ha hecho un discurso feminista y comprometido en el que no cabe el absurdo de prestarle atención a las cosas que no la tienen -como la letra de las canciones machistas que hay que erradicar para siempre jamás-, ni el de fomentar la violencia entre sexos.  En las redes, ya lo saben, puede pasar cualquier cosa. Incluso que uno se quede prendido en ellas sin remedio. La estupidez de la exacerbación es como un pegamento y quien se le acerca demasiado a veces acaba atrapado por completo. Tanto es así, que para ser inmune a las críticas hay que mantenerse en el mismo lado inamovible, tener amigos con el mismo color de ojos y el mismo partido y no reconocer jamás que aquí o allá hay gente que tiene razón y gente perdida en la sinrazón. Esto, por si alguien no lo ha entendido, es una crítica contra eso que pretenden las redes de obligar a que no haya quien se salga del círculo que un colectivo le pinta. Pero…, los hay como yo, “que lo sepa todo el mundo”, que “no soy de aquí ni soy de allá” Tal vez por eso, como dice la canción “no tengo edad, ni porvenir”, porque para tenerlo hay que adjudicarse un color, una marca, un sello y compartirlo en la vida y en las redes…Conmigo que no cuenten.

La Gaceta de Salamanca

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