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Acoso

Desde que la Academia de Hollywood expulsara a Harvey Wenstein por el escándalo de abusos y acoso sexual no han parado de salir actrices contando su caso. Y no solo eso, desde entonces, no se ha parado de hablar en el mundo entero del acoso sexual que sufren infinidad de mujeres en cualquier parte del planeta.

Me sorprende que nos llevemos las manos a la cabeza, cuando hay cientos de películas y novelas que recogen casos de acosos sexual porque, de alguna manera, todos – y todas- conocemos de primera mano casos más o menos cercanos y el acoso es consustancial a la historia de la humanidad donde unos mandan y otros no y, desgraciadamente, entre esos que mandan siempre hay alguno que utiliza el poder para someter. Además, ahora que parece que ya se puede denunciar todo lo que antes había que callar casi con vergüenza, el acoso sexual sigue sin estar bien delimitado por la ley y es muy difícil de probar. Por eso se utiliza tanto como método de presión sobre todo a las mujeres a las que, incluso en el siglo XXI en las sociedades desarrolladas nos sigue costando más llegar y mantener una carrera profesional.

El caso de Wenstein ha vuelto a proporcionar material para que se crea que en el mundo de la interpretación, la moda, la música o todos aquellos donde la disciplina es de otra manera es el caldo de cultivo de este este tipo de actuaciones; pero mientras actrices del mundo entero empiezan  a relatar sus casos personales largamente ocultados, dos mil mujeres denuncian el acoso sexual en el mundo del arte. Y tampoco faltan quienes hablan de la cultura del acoso sexual en el Parlamento Británico.

Tengo la sensación de que, por desgracia, si desde las mujeres de la limpieza hasta las empresarias más poderosas contaran su historia, empezaríamos a escuchar casos y casos de acoso sexual de lo más diversos. Porque, aunque no lo creamos,  no hay lugar del planeta que se libre de esta lacra, que tiene que ver con nuestro mundo dividido entre los que tienen poder y los que no. Lo más esperanzador de todo es que se haya puesto el tema en la conversación y se tenga voluntad de arreglarlo, por difícil que sea. Me preocupa que , que a partir de ahora habrá quien confunda el acoso real y  el sufrimiento que conlleva con, qué se yo, una invitación torpe, una mirada furtiva o un piropo a destiempo. Y conviene que no equivoquemos, para que nos tomemos el problema realmente en serio.

La Gaceta de Salamanca

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