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Guía de protocolo sexual

Casi siempre estoy de acuerdo con los argumentos y el sentido del humor de Javier Marías por incendiaros que sean y aunque desaten la iras de las redes, pero no es el caso del último artículo de su blog sobre el “protocolo sexual”, contra el que no puedo más que revolverme. No  soy muy pacata yo, creo, ni ando en contra de la seducción  o del juego amoroso. Creo que el mundo sería mucho menos divertido si desapareciera la conquista y si no se pudiera decir ni media lindeza por temor al malentendido; pero pienso también que todo tiene que estar regulado por el sentido común, dependiendo de la igualdad o desigualdad de las relaciones. Tocar la rodilla, decir procacidades o pedir un masaje en los pies no tiene ninguna importancia siempre que quien recibe el tocamiento, la procacidad o la demanda pueda mandar a la mierda sin reparos a quienes lo hacen cuando, sencillamente, no le apetece el asunto o no le gusta cómo se lo exponen. El problema de los Harvey Wenstein, Kevin Spacey, o Fallon del mundo, es que en vez de hacerle la proposición al coproductor del filme , al actor con quien comparten protagonismo en la película  o a la ministra que se sienta al lado en el Parlamento, se las hacen a personas que se encuentran en inferioridad de condiciones y que no pueden reaccionar como quisieran por puro miedo. Esa es la barrera entre la conquista y el acoso.  Una barrera que, cuando alguien atraviesa y no se atreve a denunciar en su momento, por cualquier razón de precariedad (funcionan igual de bien que las pistolas), suele tardar mucho tiempo en confesar, si es que alguna vez llega a hacerlo. Cuestión de pudor o de sentirse culpable, que a veces solo se vence cuando otro da el paso y abre la puerta. De ahí el efecto dominó en el caso de Wenstein. Me resulta raro tener que explicar que no es lo mismo que un escritor de éxito trate de tocarle el muslo a una escritora  a su nivel,  que a la asistenta que le limpia en casa. La primera lo agradecerá, lo rechazará o hará lo que le dé la gana. La segunda, dependiendo de sus circunstancias personales a lo mejor no sabe a qué atenerse y si considera que peligra su puesto, con el que paga el pan de sus hijos, igual intenta sortear el infierno o se deja caer en las llamas dependiendo de su grado de necesidad. Por eso, si de verdad alguien quiere una pauta de protocolo sexual yo se la doy: arriesgue con sus iguales y pregunte con la máxima delicadeza a sus inferiores. De aceptar negativas en cualquiera de ambos casos no es necesario hablar. Supongo que ya sabe que no hacerlo puede ser delito, aunque se vaya acompañado de cuatro amigos.

 

La Gaceta de Salamanca

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