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Miserias de trastienda

Publicado en La Razón

A escasos días de que comience el juicio al chicle por el asesinato de  Diana Quer, su madre, Diana López-Pinel  vuelve a la actualidad  de la peor manera posible: con una nueva lucha familiar. Ella denuncia agresiones, su ex marido, entra y sale de la cárcel y Valeria, la hija que le queda a ese matrimonio roto, se coloca al lado de su padre y dispara al de su madre, mientras todos opinamos, sin remedio, porque las cosas de los Quer/López-Pinel son tan públicas ,desde hace tanto, que hace mucho que dejamos de considerarlas asuntos privados. Lo son, desde luego. Pero han sido tan expuestas a la luz y se parecen tanto a la realidad cotidiana y habitual de tantos otros matrimonios anónimos, que también se tiran los trastos a la cabeza, utilizan a sus hijos y son utilizados por ellos, que nos resultan demasiado cercanas como para no comentarlas. Los Quer/López-Pinel conforman una familia  similar a tantas otras, que se construyó con buenas intenciones y acabo atrapada en odios y resquemores irreversibles hasta que se rompió.   Es verdad que poseen algunas características propias, pero su patrón es casi idéntico al de infinidad de parejas de nuestro país. Lo único que les diferencia, en realidad,  es que a ellos les mataron a una hija y que ese crimen perverso hizo que su historia fuera alumbrada por los focos, 24 horas diarias, durante meses y meses. Es verdad que esa luz constante ayudó a la resolución de su caso, pero también que nadie aguanta tanto tiempo iluminado sin que se le transparenten las miserias. Y todos las tenemos, en mayor o menor medida, aunque las guardemos ocultas en la trastienda.

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