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PASIONES CARNALES de Marta Robles

Publicado en Que el sueño me alcance leyendo

Si hay algo que siempre he tenido claro es que la Historia interesa cuando nos la saben contar. Cuando nos alejamos de los arquetipos y los formalismos, de los cuadros, de las imágenes fijas que se nos quedaron ancladas en la mente cuando empezamos a estudiarla y nos vamos a su cara B. Hoy son una rareza, pero aquellos vinilos pequeños, que se reproducían en el tocadiscos a 45 revoluciones por minuto, solían tener el tema famoso del grupo o el cantante de que se tratase en la cara A y otro poco o nada conocido en la cara B, que es donde, en muchas ocasiones, encontrabas auténticas joyas. Con la Historia pasa lo mismo. Hace años que me di cuenta de que lo divertido, lo apasionante, era lo que no se contaba. O de lo que menos se hablaba. Sí, os reconozco que las batallas me enardecen (sobre todo si son navales), que las intrigas políticas me fascinan y adoro conocer episodios que han quedado un poco en el olvido. Pero ¡ay, esa cara B! Durante los años que di clases en una academia, para «recuperar» a alumnos con repetidos suspensos en Historia, Literatura y Lengua, me di cuenta de que a ellos era más fácil interesarles con amoríos, matrimonios, conjuras… Siempre les decía que había que sacar el «HOLA» de la época y cotillear. Mi relato del Dos de Mayo madrileño todavía me lo recuerdan algunas de las chicas, que ya han acabado sus carreras y son mujeres maravillosas.Por eso he disfrutado cada capítulo y cada página de Pasiones carnales (subtitulado como Los amores de los reyes que cambiaron la Historia de España), porque está lleno de caras B, porque está contado de forma amenísima y porque he sumado un buen número de anécdotas a mi particular «cuaderno de notas». Me he divertido, he recordado, he aprendido, me he sorprendido y hasta he rezongado en voz baja con ciertos episodios, pero qué bien me lo he pasado. ¿Venís y os lo cuento?

«CON LAS PASIONES UNO NO SE ABURRE JAMÁS; SIN ELLAS SE IDIOTIZA» (STENDHAL)

En Pasiones carnales visitaremos la trastienda de nuestra Historia para conocer las aventuras amorosas y sexuales de reyes, reinas, ministros, poderosos y otros miembros de las diferentes cortes, desde don Rodrigo hasta Alfonso XIII. La Historia no son solo las decisiones de gobierno, las guerras, los tratados o las conquistas, también han tenido importancia los matrimonios, las y los amantes, los secretos de alcoba y las pasiones en general. Al fin y al cabo, todos ellos eran humanos y como tal se comportaban. En este libro, en 24 fantásticos capítulos, vamos a descubrir muchos de esos secretos de alcoba y, quizá, acabaremos entendiendo que, en el espaco reducido de un lecho, se pueden tomar las más grandes decisiones o forjar las más profundas alianzas. O dinamitarlas…

Pasiones carnales es un ensayo atípico. Más bien es un ensayo novelado que contiene muchas partes que escapan del género para irse a una narrativa dramatizada, consiguiendo una mezcla realmente interesante. En sus páginas es tan importante lo que se cuenta, con toda su base histórica, la documentación y los hechos reales, como el modo en que se cuenta y aquí es donde Marta ha desplegado sus «armas» de escritora. Incluso vamos a encontrar pedazos de leyendas y algunas partes ficcionadas, pero basadas en la realidad que las sustentan.

Se nos habla de Historia y de hechos contrastados, pero no se pìerde en justificaciones ni en ese, para mí, detestable «presentismo buenista» que últimamente nos golpea. Los hombres y las mujeres que aquí aparecen son hombres y mujeres de su tiempo y actúan como era normal actuar entonces. Hicieron lo que hicieron porque en aquel momento era lo que se hacía, aunque suene a perogrullada Aunque haya cosas que hoy nos chirríen o nos parezcan impensables, el papel de la mujer estaba reservado a ciertas facetas, no podemos tratar de juzgarlo ni maquillarlo. Era el que era, no hay más. A saber lo que opinarán de nosotros dentro de un par de siglos, me mata la curiosidad. Y, sobre todo, es muy de agradecer que Marta no se empeñe en poner etiquetas actuales, ni que nos convierta cada capítulo en una imagen fija, acartonada y sin vida. Utiliza un lenguaje ágil, muy vivo, muy directo pero también muy literario, lo que transforma cada episodio en una feliz sorpresa.

Tengo una gran querencia por la historia de don Rodrigo y Florinda la Cava, que descubrí en mis años de instituto gracias a esa maravilla que es la Flor nueva de romances viejos. La obsesión de Rodrigo por Florinda, a la que acaba violando, provocará, dicen, la invasión árabe de la península. Y desde este episodio iremos viajando en el tiempo para conocer a reyes que jamás tuvieron arrebatos carnales, como Alfonso II el Casto, o que no podían tenerlos, como Enrique IV el Impotente. Conoceremos pasiones largas en el tiempo que influyeron grandemente en la política y en el devenir de los reinos, como la de Alfonso XI y Leonor de Guzmán o la de Pedro I el Cruel y María de Padilla. Los celos y la locura de Isabel de Portugal, madre de la Católica, locura que acabó llegando a su nieta Juana y a su descendiente Carlos, hijo de Felipe II. Hasta tendremos noticias de miembros viriles extraños y leeremos cartas de un futuro rey de España contando a sus padres cómo va la «cohabitación física» con su recién estrenada esposa.

Los capítulos tienen la extensión perfecta para mantenernos interesados y Marta no cae en dogmatismos ni en arquetipos, todo fluye, es ameno, divertido y, como lectora, me he deleitado tanto con la parte histórica pura como con los párrafos más narrativos. Creo que Pasiones carnales es un ejemplo fabuloso de cómo meternos hasta el cuello en la Historia y gozar del baño sabiendo que saldremos de él con una gran sonrisa.

Y qué demonios, hay mucho amor en Pasiones carnales, pero también hay traiciones, celos, amantes despechados, concubinas que supieron mover muy bien sus piezas, espías, enredos cortesanos, odios, maquinaciones y algún misterio. Mucho mejores, todos, que la mayor parte de las películas o series de ese corte. El cóctel, desde luego, es de los que te llaman a repetir. Ha sido una delicia beberlo hasta el final.

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