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Evitemos los peores augurios

Estábamos muy contentos pensando que el mundo volvería a celebrar la Navidad como antes de la pandemia y que apenas alguna que otra mascarilla marcaría la diferencia cuando, de repente, la Europa menos vacunada comienza a preocuparse al ver circular al coronavirus a sus anchas de nuevo e incluso muestra su inquietud respecto a la posibilidad de nuevas mutaciones del virus si la velocidad de los contagios sigue aumentando.

Algunos gobiernos vecinos ya se han visto obligados a tomar medidas extremas. Austria ha vuelto a confinar a la población y apuesta por la vacunación obligatoria; Croacia también se plantea exigir a la población que se vacune; y otros países, como Italia o Países Bajos han vuelto a apostar por el pasaporte covid, mientras Francia ha retomado el uso de mascarillas en los colegios y Alemania se piensa qué restricciones imponer, sin descartar el confinamiento. En España creíamos que nos íbamos a librar del repunte de la incidencia, pero son muchos los destinos en los que se vuelve a disparar. Es cierto que nosotros aún no tenemos problemas en las UCIS ni tampoco en los propios hospitales, pero, además del pasaporte covid, que ya han decidido utilizar varias comunidades, el propio presidente del Gobierno ha advertido no solo de la necesidad de que los ciudadanos continuemos siendo responsables durante los próximos meses, sino también de que el Ejecutivo seguirá “tomando las medidas que sean necesarias para mantener los niveles de seguridad que tanto esfuerzo ha costado lograr”. Parece que lo tenemos todo previsto. Entre otras cosas, la tercera dosis de refuerzo para los mayores. Pero hay quien piensa que hasta que no se aísle a los no vacunados será imposible que la covid se retire a sus cuarteles de invierno y salga de ellos si no vencida, al menos tan atemperada como para dejar de constituir un riesgo. Lo indudable es que estamos en puertas de la sexta ola y que eso, por mucho que estemos más vacunados que otros, va a significar que aumenten los casos en toda España. Lo difícil es prever si será la última, si estaremos suficientemente protegidos como para que no vuelva a ser capaz de frenarnos en seco la vida de nuevo o si, por el contrario, se cumplirán las pésimas previsiones de un instituto de la Fundación de Bill Gates, según el cual los contagios en nuestro país superarán los 90.000 casos a finales de enero, tras las fiestas, y el número de fallecidos podría rondar los 70 diarios en el mejor de los escenarios y los 1.200 en el peor. Nadie tiene bola de cristal con la que certificarnos el futuro, pero solo será nuestro si somos cautos, no nos relajamos demasiado y evitamos que los peores augurios se conviertan en realidad.

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